Las autoridades reforzaron el viernes las medidas de seguridad en torno del autódromo donde se correrá el domingo el Gran Premio de Fórmula Uno de Bahréin después que se intensificaron los choques entre los manifestantes opositores y las fuerzas de seguridad.

El año pasado, una ola de protestas antigubernamentales de la mayoría chií en la isla y una represión violenta de los gobernantes suníes hicieron que los organizadores cancelaran el Gran Premio de Bahréin del 2011. Por lo menos 50 personas han muerto desde el comienzo del levantamiento en Bahréin, inspirado por otras rebeliones de la llamada "Primavera Arabe", y la violencia sigue estallando en la pequeña nación.

El Gran Premio del 2012, el gran acontecimiento deportivo de Bahréin, se llevará a cabo pese a las exhortaciones de los grupos de derechos humanos y las presiones de los manifestantes, incluso un activista encarcelado que cumple una huelga de hambre. También ha habido denuncias de abusos a los derechos humanos en la estratégica isla donde está basada la Quinta Flota estadounidense.

La seguridad se reforzó esta semana en torno del autódromo y en la capital Manama. Los partidarios de la oposición chií se proponían manifestarse el viernes por la tarde contra la carrera de Fórmula Uno, respaldada por la dinastía suní en el poder.

Los chiíes representan un 70% del medio millón de habitantes, pero dicen que son víctimas de discriminación y falta de oportunidades. Los líderes han ofrecido algunas reformas, pero la oposición dice que son insuficientes y reclaman un mayor poder de decisión en los asuntos nacionales, además de un gobierno electo.

Se han producido choques entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad casi diariamente durante meses. La inestabilidad se agravó en los días previos a la carrera. La policía antimotines disparó gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento contra los opositores en los pueblos predominantemente chiíes que rodean la capital.

Dirigentes de oposición en el mayor bloque chií, Al-Wefaq, dijeron que por lo menos 50 personas resultaron heridas en los dos últimos días cuando las fuerzas de seguridad dispararon perdigones para dispersar las manifestaciones en varias ocasiones.

Las autoridades advirtieron que habría tolerancia cero para las protestas, en un momento en que el gobierno trata de proyectar una imagen de estabilidad durante el fin de semana en que se realiza en Gran Premio. Los gobernantes han considerado también que la carrera, que sería vista por unos 100 millones de televidentes en 187 países, representa una oportunidad de reconciliar a una sociedad dividida.

En la pista, se realizaron las prácticas el viernes. La clasificación se definirá el sábado y la carrera está programada para el domingo.