Miles de fanáticos abarrotaron el jueves las calles de Bérgamo para el funeral de Piermario Morosini, el futbolista italiano que murió tras sufrir un infarto durante un partido el fin de semana pasado.

Unas 600 personas llenaron la iglesia de San Gregorio Barbarigo para el servicio fúnebre, mientras miles de personas lo observaban en las calles en pantallas gigantes.

El ataúd de Morosini estaba cubierto por sus camisetas del Livorno y el Atalanta. Adornado con coronas de flores, también estaba cubierto por varias bufandas de fútbol, y al lado había botines de fútbol y balones.

"Mario realmente está en nuestros corazones. No tengo miedo y estoy aquí no sólo para Mario, sino con Mario", dijo el sacerdote Luciano Menenti al comienzo de la misa.

Morosini, un volante de 25 años que jugaba con el Livorno tras ser cedido a préstamo por Udinese, comenzó su carrera en las divisiones inferiores de Atalanta. Todo el plantel del Atalanta estaba presente, al igual que jugadores de Udinese y varios ex compañeros, incluyendo Sulley Muntari.

También acudieron representantes de otros equipos y de la liga italiana, incluyendo el presidente de la federación italiana Giancarlo Abete y el técnico de la selección Cesare Prandelli.

"Al enfrentar una tragedia así, el fútbol tiene que hacerse algunas preguntas", comentó Prandelli. "La medicina deportiva y la prevención en Italia son de vanguardia, pero pueden mejorar".

La novia de Morosini, Anna Vavassori, y la familia de ella también acudieron al funeral, que fue transmitido por varias cadenas de televisión en Italia.

"Perdimos un hijo y un hermano", dijo la madre de Vavassori, Mariella. "Es un gran dolor, pero sabemos que quieres que no estemos triste y que tengamos una sonrisa, con esa sonrisa que siempre iluminó tu rostro".

También estaban la tía de Morosini y su hermana mayor Maria Carla, dos de sus pocos parientes que siguen con vida. La madre de Morosini falleció cuando el futbolista tenía 15 años, y su padre murió dos años después. Su hermano también murió poco después.