No se pueden celebrar las Olimpiadas de Londres sin la realeza británica, ¿no es cierto?

Los dos han estado entrelazados a lo largo de los años, como los propios anillos olímpicos. En los Juegos en Londres este verano, los miembros de la familia real van a estar en todas partes — Guillermo y Kate, Enrique y Zara, la reina y el príncipe consorte Felipe — posando, haciendo declaraciones, quizás incluso participando.

Esta vez va a presentarse toda una nueva generación real: la duquesa de Cambridge, cuya boda el año pasado fue vista por centenares de millones en televisión; el irrefrenable príncipe Enrique, que a los 27 años de edad es uno de los solteros más codiciados en el mundo, y otra de los nietos de la reina, Zara Phillips, que busca clasificarse para el equipo ecuestre británico, como sus padres lo hicieron hace años.

El príncipe Guillermo, su esposa Kate y Enrique van a ser embajadores olímpicos. No estaba claro qué van a hacer exactamente cada uno de los miembros de la familia, pero funcionarios británicos y los expertos de turismo consideran su presencia vital.

"Ellos son excelentes para atraer publicidad", dijo Joe Little, director administrativo de la revista Majesty. "Todo el mundo quiere ver a la duquesa de Cambridge".

La organización turística oficial Visit Britain dice que unos 30 millones de personas llegan al país cada año para ver su patrimonio cultural, incluyendo el Palacio de Buckingham, el relevo de la guardia y los famosos Beefeaters en la Torre de Londres.

Los sitios culturales y del patrimonio británico generan 4.500 millones de libras (7.000 millones de dólares) de los 17.000 millones de libras (26.600 millones de dólares) que se gastan visitantes extranjeros anualmente en el país. Como éste es un año olímpico — además del Jubileo de la Reina — la atención en los palacios y la realeza va a aumentar.

Aprovechando al máximo, la reina planea abrir el Palacio de Buckingham para actividades olímpicas.

Una promoción de turismo fue lanzada para coincidir con los juegos del 27 de julio al 23 de agosto: la campaña GREAT, que espera capitalizar el entusiasmo olímpico y generar 2.000 millones de libras adicionales en gastos de turistas para la atribulada economía británica.

El príncipe Enrique hizo lo suyo para alentar entusiasmo con una reciente visita a Jamaica, luciendo una camiseta con los colores verde, negro y oro de la nación caribeña y payaseando en una pista con el astro Usain Bolt. Los dos bromearon y "compitieron", ante una concurrencia formada mayormente por estudiantes universitarios, muchos de ellos atletas.

"Yo no estoy involucrado directamente en la organización (de las Olimpiadas), de lo contrario, ¿quién sabe qué sucedería?", dijo el príncipe. "Si el trabajo me lo permite, definitivamente voy a visitar todas las competencias que sea posible".

La realeza y las Olimpiadas han estado entrelazadas desde hace mucho, desde los tiempos cuando solamente los ricos podían darse el lujo de entrenar y seguir siendo amateur.

Londres celebró las Olimpiadas por primera vez en 1908, luego que una erupción del Vesubio obligase a Roma a renunciar a la sede. El rey Eduardo VII cabildeó para que Gran Bretaña celebrase los juegos, desempeñando un papel clave en convencer al gobierno a aceptar la tarea en un momento en que los juegos eran prácticamente desconocidos.

"Eso les dio legitimidad", dijo Martin Polley, historiador olímpico en la Universidad de Southampton. "Si la familia real los apoyaba, debe ser algo serio", pensó la gente.

La capital británica fue la sede olímpica de nuevo en 1948, con el rey Jorge VI presidiendo la ceremonia en la que la bandera olímpica fue izada por primera vez desde el fin de la II Guerra Mundial.

En aquel entonces, la realeza era más célebre que los propios juegos. Fanny Blankers-Koen, de Holanda, quien ganó cuatro medallas de oro en atletismo en 1948, habló de su desilusión cuando escuchó el himno nacional británico tras una apretada carrera con una rival británica. Blankers-Koen pensó que había perdido — pero en realidad era simplemente que la familia real estaba ingresando al estadio a tomar sus asientos, dijo Polley.

La reina Isabel II va a inaugurar los juegos este verano, como su padre y su abuelo lo hicieron en olimpiadas previas. La reina no es nueva en el menester, habiendo inaugurado ya las olimpiadas de Montreal en 1976, cuando su hija la princesa Ana participó en competencias ecuestres.

Ana, miembro del comité organizador de Londres 2012, recuerda con agrado su experiencia olímpica, aunque se cayó de su caballo, Goodwill.

"Fue algo especial ... como experiencia deportiva", dijo en una entrevista con la BBC. "Para los viejos dinosaurios, los amateur como yo, fue una ocasión única".

Toda la familia real estuvo presente para verla competir en Montreal, algo que seguramente se repetirá si compite Zara, la hija de 30 años de Ana. Zara fue seleccionada para el equipo ecuestre a Beijing 2008, pero su caballo se lesionó antes de la competencia.

El padre de Zara, Mark Phillips, ganó el oro en equitación en las Olimpiadas de 1972 en Munich y plata en Seúl en 1988.

La reina es conocida por su amor a los caballos, pero además de cualquier competencia en la que esté Zara, no se sabe exactamente a cuales eventos asistirá la realeza.

Los príncipes son hinchas de rugby, pero no es un deporte olímpico. También les gusta el polo, pero solamente la versión acuática está en los juegos. Guillermo es presidente de la federación de fútbol de Inglaterra, pero ese deporte no congrega a los grandes astros en las Olimpiadas. Kate es conocida como aficionada a las actividades atléticas y una vez se entrenó para una competencia de barco dragón. Fue capitana del equipo de hockey sobre césped en su escuela secundaria y visitó recientemente el equipo femenino de Gran Bretaña para darle aliento.

A Enrique al parecer le gustan las competencias de vóleibol de playa para mujeres, y probablemente va a ver competir a su amigo Bolt.

Pero el impacto real es más que lo que se ve. Enrique le dijo a reporteros en Jamaica que él quiere alentar a los niños a ser más activos.

"Es enormemente importante conseguir que los niños practique deportes", dijo Enrique. "Me acuerdo que cuando yo estaba en la escuela, el deporte era lo mejor. Estar encerrado en el aula no lo era".

El príncipe lo piensa un poco.

"Probablemente no debería haber dicho eso", dice con una sonrisa.

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El redactor de la Associated Press David N. McFadden contribuyó a este reportaje.