Científicos estadounidenses que utilizaron un sónar y sumergibles para trazar un mapa de arrecifes cerca de la costa nororiental de Puerto Rico encontraron un tiburón martillo de 3,6 metros (12 pies), una fosa submarina con una caída repentina de 280 metros (900 pies) y una enorme esponja barril anaranjada y marrón.

"Uno podría literalmente vivir en esa cosa, de lo grande que era", dijo Tim Battista, el científico al frente de la expedición.

Sin embargo, lo que tal vez sea más importante lo que no encontraron: corales de vivos colores y muchos peces grandes, cuya ausencia significa un ecosistema accidentado.

"No vemos esas comunidades vibrantes y ricas en corales que a todos nos encanta ver", dijo Battista.

En un proyecto de tres semanas que llega a su fin el sábado, Battista y otros científicos de la Agencia Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés) están trazando un mapa de un área de 250 kilómetros cuadrados (96 millas cuadradas). Los resultados ayudarán a los funcionarios a determinar el tipo de normas necesarias para proteger el primer corredor marítimo de Puerto Rico que ha sido designado oficialmente parte de la Gran Reserva del Noreste.

"Existe muy poca información sobre lo que existe en la actualidad", dijo Battista. Eso se debe en parte a que la plataforma costera es demasiado profunda como para bucear.

Pese a que no se encontraron tantas criaturas endémicas como los científicos esperaban hallar, los arrecifes son ricos en una especie invasora, el pez león. Cerca de 100 de ellos han sido detectados en por acre (0,4 hectárea), de acuerdo con el ecólogo Chris Taylor. El pez león, que no cuenta con depredadores naturales, ha devorado una gran variedad de especies y alterado el equilibrio de los ecosistemas de arrecifes.

El equipo a bordo del barco de investigación Nancy Foster de 57 metros (187 pies) estudia los arrecifes que estuvieron entre los más afectados en 2005 por un "incidente de decoloración". Los corales perdieron su color debido a trastornos externos como el calentamiento de los mares.

Eso obligó a los corales a expeler a la diminuta alga que vive en su interior y produce oxígeno, retira los desechos y funge como la principal fuente de alimento. Los arrecifes de algunas zonas del Caribe siguen sin recuperarse.

"Los arrecifes se encuentran en un estado serio de deterioro", dijo Ernesto Weil, que supervisa el programa de biología de coral, ecología y sistematización del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM).

A los científicos les preocupa que los arrecifes puedan verse más amenazados por la enfermedad que ataca a los corales, mientras el Caribe se prepara para una temporada de huracanes que se espera sea leve y que podría generar que los vientos alisios se disipen y las temperaturas de las aguas aumenten. Un invierno atípicamente cálido también podría causar que las enfermedades que atacan a los corales se desarrollen más pronto de lo normal, dijo Richard Appeldoorn, que dirige el programa de estudios de pesquería, biología y arrecifes de coral en el campus en Mayagüez.

Otra seria amenaza es la disminución del fenómeno climático conocido como La Niña, que podría terminar este verano y desatar otro incidente de decoloración, dijo Weil.

"Lo que nos salvó el año pasado fue que La Niña fue muy fuerte", añadió.

Consideró que los patrones climáticos ayudaron a enfriar la temperatura de las aguas a sus niveles normales por primera vez en 11 años.