El aspirante presidencial Mitt Romney, tratando de inocularse de las acusaciones de los demócratas de que favorece a los ricos, dijo el martes que sus planes fiscales — todavía no públicos — de ninguna manera beneficiarán a los pudientes a costillas de otros en Estados Unidos.

"Voy a mantener igual que ahora la carga (fiscal) sobre las personas de más ingresos", afirmó el probable candidato presidencial del Partido Republicano durante un acto de campaña en Pensilvania justo el día en que los contribuyentes deben entregar sus declaraciones fiscales al gobierno.

"Sé que los demócratas dirán un día sí y otro también: 'Están en favor de recortes fiscales para los ricos''', dijo el acaudalado Romney imitando a sus rivales políticos. "No", agregó con firmeza.

Por el contrario, argumentó Romney, el presidente Barack Obama desea aumentar los impuestos, pero esa medida — consideró — obstaculizaría la generación de empleos. A diferencia de Romney y de la mayoría de los republicanos, Obama quiere que expiren a finales de año las reducciones tributarias para las personas con ingresos mayores, las cuales rigen desde el pasado gobierno de George W. Bush.

Al enfrentar los inevitables señalamientos de los demócratas, Romney también encaró una inquietud tácita: La percepción de que tiene dificultades para relacionarse con los electores de clase media.

Con el propósito de remediar esa situación, su equipo de campaña organizó un acto al aire libre en un suburbio de Pittsburgh, donde el millonario empresario devenido político conversó amigablemente con ocho vecinos en torno a una mesa y abordaron asuntos económicos.

Romney desató una controversia el fin de semana debido a que en una reunión con donantes se le escuchó decir que podría eliminar la exención fiscal para hipotecas sobre segundas casas o quizás suprimir las deducciones tributarias prediales y estatales para los acaudalados.