En Francia, un pistolero motociclista generó turbulencia en una campaña presidencial. En Afganistán, la masacre de civiles por parte de un soldado estadounidense produjo un vuelco en la guerra más grande que cualquier política concebida por el gobierno del presidente Barack Obama.

Cada vez se hacen más evidentes las limitaciones que tienen los líderes que tratan de darle forma al mundo y la manera en que las inesperadas acciones de individuos pueden influir en el curso de la historia.

"El drama de un evento singular puede tener más peso que años de legislación", dijo Philip Seib, director del centro de Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California.

Y en la era de la información, hay más espacio para que individuos que no tienen una posición de poder dejen una huella en la historia, por designio o accidente. Sólo hay que tomar en cuenta cómo se inició la revolución árabe: la inmolación de un vendedor de frutas tunecino tras una humillación pública de la policía detonó las protestas que se expandieron a lo largo del mundo árabe, alentadas en parte por las redes sociales.

¿Y cuántas personas sabían del líder militar africano Joseph Kony antes de que un video sobre él circulase en la internet? ¿O del pastor Terry Jones, de una pequeña iglesia en Florida, que atrajo los reflectores del mundo en 2010 al amenazar con quemar ejemplares del Corán?

"Si uno habla de quemar el Corán y tiene acceso a internet, uno puede inflar repentinamente su importancia de formas que habrían sido más difícil en la era de los medios televisivos e impresos", dijo Joseph Nye, profesor en Harvard y ex jefe del Consejo de Inteligencia Nacional de Estados Unidos.

El más grande de todos los sucesos de este tipo, sin embargo, data de antes que Facebook o YouTube.

Gavrilo Princip, un nacionalista serbio de 19 años, era un desconocido hasta que el 28 de junio de 1914, cuando mató a tiros al archiduque Francisco Fernando de Austria, detonando el choque de alianzas que derivó en la Primera Guerra Mundial.

Los historiadores siguen hasta la fecha discutiendo si la historia habría sido distinta si el vehículo del archiduque hubiera dado la vuelta en una esquina distinta. Algunos creen que existe una tendencia a exagerar la relevancia de los individuos. Quien enciende el cerillo, se dice, podría ser menos importante que quien colocó la leña.

Las presiones subyacentes que pueden fomentar grandes cambios en la sociedad generalmente se forjan mucho antes de que un suceso impredecible proporcione el detonador, de acuerdo con el profesor Michael Oppenheimer, del Centro de Relaciones Globales de la Universidad de Nueva York.

"Es una sorpresa porque la gente no ha estado realmente prestando atención. Luego repentinamente una chispa enciende estas fuerzas que han estado acumulándose debajo de la superficie y se da un cambio radical", dijo.

En ocasiones ese cambio radical resulta catastrófico, como en la Primera Guerra Mundial, y en otras encamina al mundo hacia una dirección más positiva.

Rosa Parks se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en un autobús en Alabama y puso en movimiento una cadena de eventos que dieron fin a la segregación racial en el sur de Estados Unidos.

Los individuos que desafiaron la opresión tienen un lugar especial en la historia: el chino desconocido que se plantó frente a un tanque de guerra en la Plaza Tiananmen en 1989 o ganadores del premio Nobel de la Paz como Aung San Suu Kyi en Mianmar o Lech Walesa en la Polonia de la Guerra Fría.

Geir Lundestad, un historiador noruego, dijo que cuando los individuos acceden a "fuerzas más profundas" en la sociedad pueden causar un mayor impacto en el mundo. Los cambios relevantes casi siempre son generados por sucesos a nivel local, dijo, y la gente tiende a "sobrevalorar" la capacidad de los legisladores — especialmente en Washington — para trazar la dirección del mundo.

"Existe una suposición, sobre todo en Estados Unidos pero también en otros países, de que debido a que Estados Unidos es claramente la nación más poderosa del mundo puede influir de mayor forma los sucesos en cualquier lugar", dijo Lundestad.

Sin duda, los líderes políticos de los países que son potencia mundial aún juegan un papel importante en los asuntos globales; las guerras en Afganistán e Irak fueron iniciadas debido a decisiones políticas tomadas en Washington, en reacción a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Pero la teoría del "Gran Hombre" del siglo XIX, que estipula que la historia es escrita por reyes y generales, ha dejado de ser cierta en el mundo actual interconectado.

Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la relación entre Occidente y el mundo musulmán ha estado tensa por comodines que obligaron a legisladores de ambas partes a reaccionar a sucesos al azar cometidos por individuos.

Antes de que las ejemplares del Corán fueran quemados en una base militar estadounidense en Afganistán este año, y antes de que el pastor Jones amenazara con generar su propia hoguera de Coranes, hubo una crisis de historietas animadas en Europa.

Doce historietas animadas en un diario danés sobre el profeta Mahoma pasaron prácticamente inadvertidas casi un año y medio. Hasta que a principios de 2006, al difundirse las historietas en el mundo musulmán, embajadas y consulados de Dinamarca y de otros países occidentales fueron incendiados y decenas de personas murieron en disturbios que se extendieron de Libia a Indonesia.

En julio, en Noruega la masacre de 77 personas — la mayoría adolescentes — en nombre de una revolución contra el Islam, puso en relieve que la amenaza de actos cometidos por una persona pueden llegar de cualquier parte.