Más de tres décadas después que Gran Bretaña produjo el primer bebé de laboratorio en el mundo, Europa enfrenta una serie de restricciones para las mujeres que no pueden concebir sin ayuda.

Muchos países tienen reglas estrictas acerca de quién puede recibir tratamiento de fertilidad. Y recientes fallos judiciales sugieren que probablemente no habrá ningún cambio pronto.

Francia e Italia prohíben a las mujeres solas y las parejas lesbianas usar inseminación artificial y fertilización in vitro (FIV) para concebir. Austria e Italia están entre las que prohíben toda donación de óvulos y esperma para FIV. Alemania y Noruega prohíben la donación de óvulos pero no de esperma.

Algunas naciones, entre ellas Suecia, requieren que las parejas hayan mantenido una relación estable durante por lo menos un año para tener derecho al tratamiento para la fertilidad. Suiza, entre otras, requiere que las parejas estén casadas.

Y casi todos los países en Europa, excepto Ucrania, prohíben que las parejas contraten a una mujer para concebir por ellas.

"Esas leyes están completamente desactualizadas", dijo la Dra. Françoise Shenfield, experta en fertilidad en el University College de Londres.

"Es un tratamiento médico, y la decisión debería estar a cargo de los médicos" y no de los jueces, afirmó Shenfield, experta en ética de la sociedad Europea para la Reproducción Humana y Embriología.

Prohibir la donación de óvulos y esperma es "discriminar a las parejas infértiles", agregó, aunque admitió que había motivos médicos valederos para no tratar a determinadas pacientes, como las mujeres de más de 50 años.

Las leyes europeas contrastan con las escasas restricciones en otras latitudes, incluso Brasil, Estados Unidos, Canadá y Australia.

Los expertos calculan que miles de europeas viajan todos los años a otros países en busca de ayuda para tener un bebé, aunque no se conocen cifras. Muchas son mujeres solteras que van al exterior para conseguir inseminación artificial, que está prohibida para mujeres solas en varios países como Italia, Alemania y Suecia.

Marie Eriksson, una madre sola de 36 años en Suecia, equiparó las restricciones a prejuicio. "Tener un hijo no es un derecho, pero no debería prohibirse esa posibilidad porque una no tenga un compañero", afirmó.

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Grupo de fertilidad: http://www.fertilityeurope.eu/