El gobierno cubano reclama casi a diario el regreso de cinco agentes que considera héroes nacionales, pero la visita de uno de ellos a la isla, René González, ha pasado casi inadvertida.

No ha habido desfiles triunfales para González, uno de los cinco agentes elogiados como patriotas desde que los condenaron a largas penas de prisión en Estados Unidos.

González llegó a la isla hace más de una semana después que un juez en Florida le dio permiso para visitar a su hermano gravemente enfermo, pero el hombre cuyo retrato aparece en grandes carteles junto con los de los otros cuatro agentes detenidos en Estados Unidos desde 1998 no ha aparecido en público.

"¿Está en Cuba? ¿Es verdad? Yo no sabía nada, ni me enteré", dijo José Blanco, un residente de La Habana.

"El silencio de radio es ensordecedor", dijo Anne Louise Bardach, autora del libro "Without Fidel: A Death Foretold in Miami, Havana and Washington" (Sin Fidel: Una muerte anunciada en Miami, La Habana y Washington.

La Habana reclama desde hace mucho el regreso de los Cinco Cubanos, condenados como integrantes de una banda conocida como la "Red Avispa" que intentaba infiltrar instalaciones militares estadounidenses en el sur de la Florida y vigilar a los grupos de exiliados cubanos y los políticos contrarios al gobierno del entonces presidente Fidel Castro.

El gobierno cubano dice que los cinco jamás significaron un peligro para Estados Unidos y que su única tarea era vigilar a los grupos de exiliados responsables de un atentado con bomba que mató a un turista italiano en la isla.

Repudiados por muchos exiliados en Miami, los llaman los "Cinco héroes" en su país, que los elogia por ser "antiterroristas". La prensa estatal, tanto televisiva como impresa, proclama la consigna "libertad a los cinco" casi a diario.

Algunos analistas sostuvieron que el silencio en torno a la visita se debió al deseo de obtener para los hombres más visitas familiares, mejor trato y en última instancia su libertad. Otros dijeron que La Habana tal vez espera canjear a los cinco por Alan Gross, un subcontratista del gobierno estadounidense condenado a 15 años de prisión en Cuba por ingresar equipos de comunicaciones sin autorización.

La única información sobre el viaje de dos semanas de González fue un breve comunicado oficial leído en los noticiarios el 30 de marzo, el día de su arribo y reproducido por los diarios al día siguiente. La noticia era que se trataba de una "visita privada y familiar".

González, que posee la doble nacionalidad cubana y estadounidense, quedó en libertad vigilada después de cumplir 13 años de una sentencia de 15, pero bajo la condición de permanecer en Estados Unidos durante tres años. Vivía en un lugar no revelado cuando el juez lo autorizó a realizar el viaje bajo la condición de que regrese a Estados Unidos. Los otros cuatro permanecen en prisión.

"Si (las autoridades cubanas) quieren una audiencia con el gobierno de (el presidente Barack) Obama sobre cualquier asunto de su interés, probablemente conviene que la visita sea discreta y no politizar el asunto más de lo que ya está", dijo Philip Peters, analista de Cuba en el Instituto Lexington de Virginia.

"La discreción que vemos aquí indica que Cuba no quiere reprochar la decisión del juez", dijo Peters. Añadió que el mismo magistrado que ordenó a González permanecer en Estados Unidos durante su libertad condicional pasó por encima de las objeciones del Departamento de Justicia al otorgarle permiso para el viaje.

Bardach mencionó la posibilidad de que la discreción del viaje sería una señal de negociaciones secretas por Gross, aunque las autoridades han rechazado toda conjetura sobre un canje y los analistas sostienen que sería políticamente imprudente para Obama tomar cualquier medida que moleste a los exiliados cubanos en Florida durante un año electoral.

Los pedidos de entrevistas con González no fueron concedidos. Se desconoce el paradero en Cuba del hombre de 55 años, delgado y de barbita entrecana.

Totalmente distinto fue el regreso en 2000 de Elián González, el niño que sobrevivió al naufragio de su balsa, que fue transmitido en vivo por la televisión. Unos 800 niños de su escuela lo recibieron en el aeropuerto a su regreso, tras una enconada disputa entre su padre cubano y los parientes en Miami que querían retenerlo en Estados Unidos.

Sin embargo, Elián regresó de manera permanente, mientras que René González lo hizo para una estadía breve y por razones familiares.

"A mí en lo personal me hubiera gustado que el pueblo lo viera (a González), pero vino bajo circunstancia de tristeza, por la gravedad del hermano y hay que respetar eso", dijo Reina Rojo, una oficinista de 45 años.

"Yo veo bien que no se le dio publicidad porque además hay que pensar siempre en los cuatro otros que siguen presos allá", añadió.

Al actuar con tanta discreción, Cuba evita llamar la atención sobre el hecho de que Gross ha hecho un pedido similar, ya que su madre en Texas está gravemente enferma de cáncer. También él promete regresar a Cuba.

Gross, de 62 años, fue condenado bajo una ley de delitos contra el Estado. Asegura que jamás tuvo intenciones de causar daño y que sólo ayudaba a los judíos en la isla a mejorar su acceso a internet, pero Cuba dice que el programa del gobierno estadounidense con el cual trabajaba tenía fines subversivos. Su encarcelamiento ha tensado las ya malas relaciones entre los dos oponentes de la Guerra Fría y Washington dice que no puede haber distensión mientras él siga tras las rejas.

González tiene plazo hasta el viernes y él ha prometido respetarlo. Presentó un itinerario detallado antes del viaje y se ha comunicado con el agente supervisor de su libertad condicional por teléfono, pero nada en la orden le impide aparecer en público.

Su abogado en Miami, Philip Horowitz, dijo que la naturaleza de la visita no se prestaba para la politiquería.

"El propósito del viaje es... puramente humanitario", dijo el abogado. "Cuando uno tiene un hermano gravemente enfermo, enfermo en grado terminal, eso no es motivo para celebrar ni hablar ni fomentar la causa".

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La periodista de The Associated Press Anne-Marie García en La Habana contribuyó a este despacho.

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