Los mercados dieron el miércoles un respiro a España con un fuerte rebote de la Bolsa y una caída de los intereses de la deuda, mientras el presidente del gobierno Mariano Rajoy descartó que el país esté en riesgo de quiebra y defendió las duras políticas de ajuste para reducir el déficit.

Tras la jornada negra del martes, la peor desde noviembre de 2011, el rendimiento de la deuda española a 10 años cayó a 5,83% desde 5,93% del día anterior.

La prima de riesgo con respecto al bono de referencia alemán se relajó a los 414 puntos tras haber superado los 430, aunque se mantiene por encima de la peligrosa barrera de los 400 desde hace una semana.

Mientras que el selectivo Ibex 35 de la bolsa madrileña, que el martes marcó mínimo anual y retrocedió a niveles de marzo de 2009, también se apuntó a las ganancias y repuntó el 1,9% al cierre de la sesión

Aunque no existe una regla general, una prima de riesgo superior a los 400 puntos y un interés constante de los bonos a largo plazo para financiarse en el torno de 7% marcan una línea roja de quiebra, que puede conllevar a la necesidad de un rescate financiero.

Las dudas de los inversionistas sobre la solvencia de España siguen dando dolores de cabeza al nuevo gobierno conservador del Partido Popular, que además debe lidiar con un desempleo de 23% lejos de tocar techo y un escenario de recesión.

Rajoy negó el miércoles que el país esté cerca de ser intervenido, como sucedió en los casos de Grecia, Irlanda y Portugal, pero insistió en que el país sólo saldrá adelante si consigue reducir el déficit público.

"La política económica que está llevando a cabo el gobierno es una política económica dura, es costosa, no va a producir efectos en el corto plazo, pero es lo que hay que hacer en estos momentos", dijo Rajoy en declaraciones a los medios.

El mandatario cifró el sobregasto de España en un equivalente a 118.000 millones de dólares en 2011 y recordó que ese dinero hay que pedirlo fuera.

En ese sentido, volvió a comprometerse a reducir el déficit fiscal de 8,5% a 5,3% del PIB y anunció que la senda reformista de su gobierno no va detenerse.

"Hemos tomado el camino que necesariamente tenemos que tomar, el de las grandes naciones en las grandes encrucijadas", señaló Rajoy. "Será un camino largo, de reformas históricas, de esfuerzos inaplazables, salpicado en ocasiones con incomprensión".

Anunció que su gobierno impulsará en abril leyes para reordenar la administración pública, luchar contra el fraude fiscal y reformas de la sanidad y la educación con las que espera ahorrar 13.000 millones de dólares adicionales a los 36.000 millones de recortes en los presupuestos generales del Estado presentados hace dos semanas.

En cuanto a los detalles, el mandatario conservador adelantó que se limitará a los 2.500 euros (3.275 dólares) el pago en efectivo de cualquier operación en el que intervenga al menos un profesional, con el fin de evitar el fraude al fisco y hacer aflorar dinero negro.

Sobre sanidad y educación, que en España son universales y gratuitas, la ministra de Sanidad, Ana Mato, se mostró favorable a introducir un elemento de progresividad en el sistema, obligando a los ricos a pagar más por los medicamentos, cuyo coste en la actualidad es muy bajo para toda la población gracias a la subvención pública de la Seguridad Social.

Junto con estas nuevas reformas, Rajoy defendió la nueva legislación laboral ya aprobada, que le costó una huelga general el 29 de marzo, y los recortes en los presupuestos, que vinieron acompañados de un sacrificio adicional con subidas generales de impuestos.

"No hay que hacer caso al ruido ni entretenerse con cosas menores. No hay que distraerse con lo que sólo dura 24 horas", aseguró Rajoy en referencia a las turbulencias en los mercados. "Estamos viviendo el momento más difícil, el de los sacrificios compartidos sin frutos aparentes, pero los efectos se verán en el tiempo", afirmó.

"El empleo y el crecimiento llegarán, estamos poniendo las bases para el futuro. Hacemos las reformas porque es bueno para España", añadió.