Ozzie Guillén aprendió que, por más que la comunidad cubana de Miami se haya ido moderando con el paso de los años, el desprecio por Fidel Castro sigue intacto, sobre todo entre los sectores más estridentes del exilio.

La demografía del exilio cubano ha cambiado y el apoyo al embargo estadounidense a la isla ya no es unánime, por ejemplo. Cada vez más cubanos que llegan al sur de Florida estos días lo hacen por razones económicas. Y los cubano-estadounidenses más jóvenes tienden a ser más tolerantes que sus padres con Castro y su hermano Raúl.

Sin embargo, el anticastrismo visceral sigue vigente y se hace notar cuando lo provocan.

"A pesar de que hay una gama de opiniones, solo un sector se moviliza para hablar", indicó José Gabilondo, un cubano que es profesor de derecho en la Universidad Internacional de Florida. "Son en cierto sentido los remanentes del viejo sector hegemónico".

Para ese sector los elogios a Fidel Castro son algo intolerable.

"Este comentario irrespetuoso fue como echar sal a una herida abierta", dijo Mauricio Claver-Carone, un abogado cubano-estadounidense y defensor de los derechos humanos en Washington. "Ni siquiera es una herida histórica. Es una herida viva en una comunidad compuesta de víctimas de la dictadura".

Según la revista Time, Gullén, de 48 años y mánager de los Marlins de Miami, dijo "me encanta Fidel Castro". En una entrevista en inglés, el venezolano dijo al reportero que respetaba a Castro por mantenerse en el poder más de cinco décadas, a pesar de que tanta gente haya querido matarlo.

En una conferencia de prensa, Guillén ofreció disculpas el martes y aseguró que no quiere ni admira a Castro. Indicó que sus palabras fueron malinterpretadas — Time se apega a lo publicado — y que no pudo transmitir en inglés lo que pensó en español, pero asumió la completa responsabilidad por lo que describió como el mayor error de su vida.

Los Marlins suspendieron a Guillén durante cinco partidos por sus comentarios.

Afuera del nuevo estadio de los Marlins en la Pequeña Habana, unas 100 personas protestaron y demandaron su renuncia. Antes, Francis Suárez, comisionado de la ciudad de Miami, dijo que Guillén debería ser despedido, y Joe Martínez, presidente de los comisionados en el condado de Miami-Dade, pidió su renuncia.

Fue el tipo de reacción que se podía esperar en el pasado, pero que sorprende un poco en el presente.

Cuando la salsa cubana y la banda Los Van Van se presentaron en Miami en 1999, más de 4.000 personas se manifestaron y lanzaron basura a quienes acudieron. Sin embargo, una década después, la agrupación musical, que tiene una relación cercana con los hermanos Castro, fue recibida por fanáticos en el aeropuerto mientras que en las carreteras había carteles que promocionaban sus conciertos.

Los puntos de vista políticos del exilio cubano también ha cambiado. Una encuesta al azar entre 800 cubano-estadounidenses realizada por Florida International en 2008 encontró que sólo un 45% estaba a favor de mantener el embargo económico de 50 años, que impide el comercio entre Estados Unidos y Cuba y a la mayoría de estadounidenses visitar la isla. Las generaciones más jóvenes y aquellos que llegaron más recientemente eran incluso menos proclives a apoyarlo.

La reacción a las declaraciones de Guillén toca más de una fibra: muchos cubanos se van de la isla por la falta de libertad de expresión y hay quienes se preguntan si no es medio hipócrita cuestionar lo que pueda decir Guillén. Otros se preguntan por qué los equipos no han castigado con la misma severidad a jugadores y managers por asuntos más serios, como manejar estando intoxicados.

Para Gabilondo, Miami todavía es un lugar "donde antes de decir algo, tienes que medir cuidadosamente las posibles consecuencias".

"Claro que tengo una sensación de pérdida por haber tenido que venir a Estados Unidos", dijo Gabilondo, quien llegó con su familia a la edad de cinco años. "En una muestra de respeto a su dolor (el de los cubanos exiliados), me planteo cómo puedo manifestar lo que pienso de forman tal que genere el menor dolor posible en gente para quien esto es una herida abierta 50 años después".

Aquí es donde ambas partes consideran que Guillén ha fallado.

"Fue descuidado", opinó Henry Hoyos, un venezolano de 50 años. Nelson Buitraeo, un nicaragüense que ha vivido 22 años en Miami, opina que ambas partes están mal: Guillén por ser insensible a la comunidad donde vive y la comunidad por no ser más tolerante con otros puntos de vista.

"Este es un país libre y tiene que haber libertad de expresión", dijo.