Fueron acérrimos enemigos durante los horrores de la guerra de Bosnia. Ahora, se ayudan mutuamente en un acto de generosidad inimaginable.

En el 2010, los soldados mayores de 35 años fueron retirados, parte de las gestiones de Bosnia para rejuvenecer su ejército. Pero los cheques de pensión nunca llegaron y centenares cayeron en la pobreza.

Slavko Rasevic, un veterano serbio, fue uno de ellos. Las cosas se volvieron tan malas que Rasdvic se vio obligado a utilizar electricidad de la casa de un vecino porque no podía pagar la cuenta. Ni siquiera podía pagar por el boleto del autobús para llevar a sus tres hijos a la escuela.

Entonces, cuando estaba a punto de decirle a su hija de 17 años que iba a tener que dejar la escuela, recibió una noticia inesperada.

Soldados bosnios y croatas que habían comenzado a recibir pagos especiales se estaban uniendo para ayudar a sus antiguos enemigos serbios, contribuyendo cinco euros cada uno para un fondo para los veteranos serbios.

En enero, Rasevic fue escogido por otros veteranos serbios como uno de los primeros en recibir los pagos. En lugar de distribuir la primera recaudación de unos 5.000 euros (6.500 dólares), los serbios decidieron que aquellos en situación más desesperada recibirían la mayor suma.

Su familia y otra recibirán más de 500 euros, mientras que otros 55 veteranos serbios en apuros recibirán unos 60 euros cada uno.

Rasevic expresó profundos elogios para sus antiguos rivales.

Es el más reciente ejemplo de ex enemigos uniéndose en un país aún marcado por el legado del conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Bosnios, croatas y serbios han colaborado en huelgas ferroviarias y ahora sirven juntos en el ejército. Pero ésta es la primera vez que personas de una parte han sacrificado sus bolsillos para ayudar a la otra.

Rasevic se integró al ejército serbo-bosnio hace 20 años para combatir a croatas y bosnios en una guerra que mató a 100.000 personas y tornó en refugiados a casi dos millones, incluyéndole a él.

La violencia concluyó con un acuerdo de paz en 1995 que dividió el país en dos mini-estados: una república serbia y una federación bosnio-croata.

Una década más tarde, los tres ejércitos del tiempo de la guerra se han integrado en uno. Como soldado profesional, Radevic se halló compartiendo barracas con sus antiguos enemigos. Ese fue un importante paso hacia la reconciliación en un país que aún batalla con desconfianza entre los tres grupos y que es mantenido unido por un administrador internacional.

En el 2010, el parlamento obligó a los soldados mayores de 35 años a retirarse, pero no asignó fondos para sus pensiones en el presupuesto de ese año. Entonces, los seis partidos que ganaron las elecciones nacionales no consiguieron formar gobierno a causa de disputas sobre cuál grupo étnico va a dirigir cuál ministerio y el país ha estado sin timón desde entonces.

Sin un gobierno, no hay presupuesto. Ni pensiones para los veteranos retirados.

Presionado por protestas de los veteranos, el gobierno de la federación bosnio-croata acordó pagar unos 160 euros al mes de su propio presupuesto a soldados retirados que viven en su territorio mientras no se apruebe un presupuesto estatal.

Pero la región serbo-bosnia se negó a hacer lo mismo.

La furia por la forma en que los políticos están tratando a los veteranos generó una ola de solidaridad entre antiguos enemigos en este país, donde el desempleo alcanza el 30%.

En cuanto los pagos de su gobierno comenzaron a llegar a sus cuentas en enero, veteranos bosnios y croatas empezaron a recaudar donaciones y transfirieron los fondos a la cuenta del veterano serbio Rade Dzeletovic, quien está a cargo de la distribución.

"Fue una sorpresa", dice Dzeletovic de la campaña. "Nosotros nos trabamos a tiros y ahora ellos nos mandan esto".

En Gorazde, al otro lado de la frontera étnica, el bosnio Senad Hubijer expresa asombro sobre cómo los políticos están, sin quererlo, contribuyendo a la reconciliación.

"Cuando teníamos 16 años, los políticos nos dieron armas y nos forzaron a matarnos entre nosotros. Ahora, su ignorancia nos está forzando a ayudarnos los unos a los otros", dice.

Durante la guerra, Hubijer no podía haberse imaginado que un día entraría al vecino pueblo serbio de Rogatica. Ahora pasa por ese pueblo cuando va a Sarajevo para protestar contra el gobierno junto con veteranos serbios.

El veterano Nihad Grabovica, también bosnio, no puede evitar reírse por la ironía histórica.

"Ahora estoy ayudando a la gente que me disparó para que puedan alimentar a sus hijos", dice.