Gary Medel es un futbolista que entra por los ojos y, una vez estos se fijan en él, cuesta apartar la mirada.

"Como técnico acostumbro a ser muy frío, pero la primera vez que lo vi me enganchó ese carisma que tiene, esa fuerza que le pega a toda la gente que lo está mirando. Ha pasado en todos sus equipos: Universidad Católica, Boca Juniors, la selección y, ahora, el Sevilla. Siempre engancha con los aficionados", explica José Sulantay, ex seleccionador de Medel en el combinado Sub20 de Chile.

Quizás el poder de seducción del hombre al que desde bien joven apodaron "Pitbull" sea el principal atributo del bravo mediocampista chileno. Futbolista de trinchera y temperamento altamente inflamable, juega como vive: sin reservas ni freno de mano. Y engancha por su innegable carisma. Para bien o para mal.

"Lo llamaban Pitbull porque siempre encara, va de frente y tiene una gran personalidad", cuenta Nushiel Jerez, amiga del círculo íntimo de Medel en Santiago, del que nunca se ha separado del todo a pesar de la distancia. "Ahora hablamos menos, pero él es muy de su gente. Cuando jugaba en Buenos Aires, solía venir por la mañana a pasar el día con sus amigos del barrio y regresaba por la noche. Es capaz de no dormir por estar con ellos", asegura la joven estudiante de enfermería.

Nacido hace 24 años en Santiago de Chile y criado en la zona brava del Cerro San Cristóbal, Medel destacó pronto como medio de contención en las inferiores de la Universidad Católica y la selección chilena, donde Sulantay le dio la alternativa tras un par de seguimientos.

"La primera vez que le vi me impresionó el espíritu de lucha, su fuerza de correr 90 minutos siempre parejo y apoyar a los compañeros. La segunda, envié a mi ayudante para que evaluara su juego aéreo porque lo encontré un poco chico, pero me dijo que de cabeza era también bravísimo, así que lo llamé y tuvo un progreso absoluto porque técnicamente era bastante bueno y tácticamente excelente, con una gran polivalencia y personalidad".

Ese fuerte carácter forjado en un barrio donde "aprendí a no perder porqué allí, al que perdía, lo mataban", según relato del diario EL PAIS, siempre ha sido motivo de disensión con el "Pitbull", protagonista de numerosas refriegas dentro y fuera de la cancha y anfitrión de una trágica fiesta en 2009, cuando una joven falleció al precipitarse desde el balcón de su apartamento.

Todo es asunto de equilibrio, razona Sulantay, quien amenazó en su día de sacarle de la Sub20 tras la enésima escaramuza en una discoteca.

"Tuve que llamarle la atención un par de veces. El viene de un barrio aguerrido donde se vive al límite, y así forjó ese carácter ganador de salir adelante. Por eso tampoco podía exigirle ser un jugador equilibrado siendo tan joven. Son cosas que están tan dentro de uno que cuesta sacarlas, pero he visto una progresión en ese sentido desde que está en España", relata.

Llegó en el mercado invernal de 2011 al Sevilla y su adaptación ha sido "perfecta", según palabras de Ramón Rodríguez Verdejo "Monchi", subdirector general Deportivo de la entidad andaluza. "Su forma de ser, extrovertido, sin problemas de idioma, han sido fundamentales. Dentro del campo, por sus condiciones físicas y tácticas también ha sido sencillo", asegura.

"Conocíamos su personalidad y capacidad de entrega, y las ha corroborado con trabajo, agresividad y salida de balón. Le falta contemporizar un poco, pero es un complemento perfecto para cualquier compañero".

El chileno llegó de la mano de su mejor amigo hasta ahora en el vestuario, el croata Ivan Rakitic, con el que compartió presentación ante los medios en un concesionario de autos y, ahora, la manija del mediocampo.

Tanto con Marcelino García Toral como el nuevo técnico Míchel González ha sido indiscutible. Veinticinco veces titular esta temporada, es el tercer futbolista con más minutos disputados del plantel (2.300), balones recuperados (208), faltas cometidas (33) y tarjetas amarillas (12). Suma dos goles, cero expulsiones y, en su segunda campaña en España, se ha ganado fama de duro, con partidos más que notables ante el Real Madrid y el Barcelona.

Aunque se lleva bien con todos, en especial los canteranos y el grupo de sudamericanos, no han faltado los habituales mordiscos del "Pitbull" en los entrenamientos, y uno de ellos provocó una sonada pelea con otro hombre de carácter caliente, el serbio Emir Spahic.

Ambos futbolistas sufrieron el látigo de Míchel, que les dejó fuera del equipo para el siguiente compromiso ante la Real Sociedad de su compatriota Claudio Bravo. Pero tardaron poco en sellar la paz para satisfacción del técnico y Rakitic, amistad compartida.

El status civil del vestuario sevillista se divide por barrios: los casados viven en la zona tranquila de Montequinto y los solteros, como Medel, se juntan cerca del centro en el barrio la Buhaira.

Amante del cine, suele frecuentar las salas del complejo comercial cercano al estadio, y mantiene también vivo el interés por los resultados su ex equipo, La Católica, del que es hincha.

Los lazos con Chile siguen intactos con las visitas frecuentes de amigos o, recientemente, sus dos hijos gemelos que residen en Santiago con la ex pareja del centrocampista, y del que luce los nombres tatuados en los brazos. Medel fue padre a los 17 años con su novia de juventud y tiene otra hija fruto de una relación posterior, de la que se mantiene al margen.

Jerez lo define como "cariñoso y generoso". Sulantay, como "buena persona y óptimo futbolista".

Como su compañero de selección Alexis Sánchez, Medel es esquivo a la prensa pero, a diferencia del delantero del Barsa, el acento no es impedimento para hacerse entender en el vestuario, que le ríe todas las gracias.

Con Sánchez comparte lo que el ex seleccionador de Chile, Marcelo Bielsa, definió en su día como "espíritu amateur". El amor por el juego que compensa sus arrebatos de justicia callejera.

"En eso son iguales: viven por el fútbol. Por eso lo elegí, porque vi esa parte amateur. Aunque a veces le causó daño porque respondía también como amateur cuando chocaban con él", corrobora Sulantay. "Pero la ha conservado y es la mejor, porque representa la lucha hasta el final y la entrega absoluta. Si uno maneja todo eso como técnico, Gary es 100% positivo para el equipo".

Así lo ve también Míchel, pendiente su evolución física para enfrentar este domingo al Athletic de Bilbao de Bielsa.

Aún herido, no cabe duda que hará todo lo posible por saltar al verde de San Mamés. Y que todas las miradas caerán sobre él.