El presidente de Malaui, Bingu wa Mutharika, falleció debido a un infarto cardiaco, informaron el viernes los médicos que lo atendieron, mientras la empobrecida nación africana esperaba noticias oficiales sobre el deceso y saber quién será el sucesor. El mandatario tenía 78 años.

Los médicos, que solicitaron el anonimato porque no estaban autorizados a hablar con los reporteros, dijeron que el cuerpo de Mutharika fue enviado a Sudáfrica.

El gobierno de Malaui hasta ahora ha emitido sólo un breve comunicado en la radio y televisión estatales informando que Mutharika se había enfermado y que fue trasladado a Sudáfrica para recibir mayor tratamiento.

Un ministro del gabinete, que prefirió permanecer anónimo debido a la delicadeza del tema, indicó que anunciar el fallecimiento precisa dar pasos políticos. No dio más detalles, pero las dudas sobre la sucesión posiblemente derivarán en complicaciones.

La Constitución señala que la vicepresidenta Joyce Banda debe asumir el cargo. Sin embargo, Banda fue expulsada del partido y formó el suyo, aunque sigue siendo vicepresidenta.

Bakili Muluzi, antecesor y ex mentor de Mutharika, lamentó el silencio oficial sobre su muerte y se mostró preocupado por el futuro político del país.

"El escenario actual donde la maquinaria del gobierno está casi en silencio sobre el estado de salud de nuestro presidente es muy desafortunado y no debe continuar", dijo Muluzi en conferencia de prensa desde su casa en Blantyre, la zona comercial de Malaui.

"Es el deber constitucional y, de hecho, una buena práctica del gobierno, informar a sus ciudadanos y a la comunidad mundial en tiempo preciso y de forma transparente los detalles del tratamiento en curso y del estado de salud de su presidente".

Cuando Mutharika llegó al poder, lo respaldó Muluzi. Pero luego se enemistaron y Muluzi fue acusado de corrupción y fraude. Mutharika abandonó el partido y creó uno propio. Las rencillas políticas entre ambos derivaron en extensos retrasos legislativos, disturbios, un intento fallido de destitución, acusaciones de golpes de estado y conspiraciones de asesinato.

Mutharika, que trabajó en el Banco Mundial, gobernó uno de los países más pobres del mundo y en años recientes fue acusado de pisotear los derechos democráticos.