El medio centenar de caimanes recién nacidos eran criaturitas amorosas, del tamaño de un lápiz, cuando un hombre los vendía desde su camión en una playa de estacionamiento en Misuri.

Ahora, 14 meses después, las autoridades del pueblo de Kennett están preocupadas.

"Han crecido, ya no son tan amorosos", dijo la agente humanitaria Tina Petix. "Tratan de morder a la gente".

Petix se ha lanzado a la caza de los caimanes, para tratar de convencer a sus dueños que la vida en un pequeño poblado de Misuri no es buena para el reptil ni la gente ni las mascotas con las que pueda cruzarse.

Hasta el momento ha localizado y se ha llevado tres caimanes. Una mujer conservaba a dos en su patio trasero, al lado de una casa donde viven gemelos de tres años. El otro casi le arrancó la mano a su dueño.

Petix no sabe cuántos caimanes vendió Ken Henderson en enero y febrero de 2011, cuando montó una tienda de criaturas exóticas en su camión.

Un incendio en febrero de 2011 que pudo haber sido catastrófico puso fin al negocio. La policía cree que uno de los animales derribó una lámpara, que encendió las llamas en el camión. Henderson y varios rescatistas se apresuraron a salvar a las criaturas, entre las cuales había iguanas, caimanes y una pitón de casi cuatro metros (13 pies).

"Parecía un arca de Noé", dijo Petix.