Los ciudadanos malienses se formaron el martes en las estaciones gasolineras con bidones, botellas de agua y cántaros de plástico, en preparación a las sanciones impuestas la noche anterior contra la nación del occidente africano a consecuencia de un golpe de Estado perpetrado el mes pasado.

En un esfuerzo para forzar la salida de los soldados que tomaron el control de Malí el 21 de marzo, las naciones vecinas decidieron el lunes durante una reunión de emergencia imponer un embargo, cerrar sus fronteras con el país y congelar sus cuentas en el banco central regional.

Malí, un país sin salida al mar y con el doble de tamaño de Francia, importa todo su combustible, el cual llega por tierra de Costa de Marfil y de Senegal.

También se esperan fallas en el servicio eléctrico en las próximas semanas o días. Abril es uno de los meses más calientes del año en Malí, y el sistema hidroeléctrico del país es incapaz de cubrir la demanda debido a los bajos niveles en las vías fluviales. En los meses cálidos se emplea diesel para operar los generadores.

El presidente de Malí huyó luego de que un grupo de soldados descontentos iniciaron un motín en una base militar localizada a unos 10 kilómetros (6 milla) del palacio presidencial. Desde su base, decidieron marchar hacia el palacio. En cuestión de horas, lograron revertir dos décadas de avances democráticos.

La Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (CEDEAO), que representa a 15 naciones de la región, ha sido atípicamente severa en su condena hacia el golpe. El organismo le dio a los golpistas un plazo de 72 horas para restaurar el régimen civil. El lunes, cuando la junta militar incumplió el ultimátum, la CEDEAO anunció que las sanciones entrarían en vigor de inmediato.

Bathily Seye, dueño de una cadena local de estaciones gasolineras llamada Afrique Oil, dijo que si no se permiten nuevos embarques, se agotará el combustible de sus 15 bombas en unos días.

"No tenemos nuestra propia gasolina. Toda es importada", dijo. "No tenemos capacidad de refinación... No tengo existencias. En dos días, mis bombas se quedarán sin combustible".

En una estación Total, a las 9 de la noche del lunes, un joven ingeniero llenaba el tanque de su vehículo y algunos recipientes.

"Estoy tratando de guardar una reserva", dijo Mohamed Lamine Dembele. "Si mantienen cerrada la frontera, será difícil reabastercernos de combustible. Corremos el riesgo de quedarnos sin gasolina en todo el país".

Los soldados que tomaron el poder dijeron que lo hicieron por el mal manejo que dio el presidente a una insurgencia tuareg en el norte del país. No obstante, desde el golpe, los rebeldes se han apoderado de las ciudades de Kidal, Gao y Timbuctú, y controlan ya la mitad norte de la nación.