Jeremy Lin necesitaba una oportunidad, a los Knicks les urgía una chispa, y juntos fueron una combinación perfecta en febrero.

Lin salvó su carrera y rescató la temporada de Nueva York, y durante tres semanas los Knicks y su semi desconocido base hicieron que el básquetbol importara de nuevo en el Madison Square Garden, un lugar conocido como la Meca, pero que en la práctica lleva años lejos de ser el centro del universo de la NBA.

Los aficionados de Nueva York lo adoraron, pero la popularidad de Lin llegó mucho más allá. Un estadounidense de ascendencia asiática y graduado de Harvard, no se parecía en nada a los rivales que de repente estaba superando todas las noches.

Era una historia sorprendente e inspiradora, pero en última instancia, incompleta.

Todos los inviernos se escriben grandes historias en la NBA, aunque rara vez con el impacto mundial de Lin.

Los legados duraderos, sin embargo, sólo se consiguen en la primavera, cuando se juega la postemporada.

Lin no podrá ayudar a los Knicks a alcanzar los playoffs. Deberá someterse a una cirugía para reparar un menisco fisurado en su rodilla izquierda, con un período de recuperación de seis semanas, lo que quiere decir que los Knicks sólo seguirán jugando para entonces si alguien se encarga de la ofensiva como él lo hizo hace dos meses.

Así que es demasiado pronto para que Lin describa lo que vivió esta temporada, sabiendo que el trayecto terminó mucho antes de la meta.

"Esta temporada ha sido de altibajos, un montón de caídas y un montón de subidas", dijo Lin. "Creo que como equipo lo estamos haciendo bien y vamos a estar bien, pero es obvio que ha sido un año muy emotivo".

Para Lin, ciertamente debe haber alivio. Estaba quizás a días de ser descartado por tercera vez esta temporada antes de que el ex entrenador Mike D'Antoni recurriera a él cuando el equipo carecía de rumbo en febrero. Los Knicks podrían haberlo descartado la semana siguiente sin tener que garantizar su contrato por el resto de la temporada, y Lin se negó a siquiera conseguir su propio lugar para vivir ante la incerditumbre.

Pero en las siguientes semanas no dejó dudas de sus merecimientos en la NBA. Alguien lo va contratar la próxima temporada, bien sea en Nueva York o en otro lugar.

Sin embargo, Lin nunca se dejó atrapar por la locura que desató, e intentó desesperadamente, durante su apogeo, desviar la atención lejos de él y de su equipo. Así que cuando le preguntaron cómo la cirugía de la rodilla podría afectar su incierto futuro, Lin devolvió rápidamente la discusión al presente.

"Estoy más preocupado por la temporada", dijo Lin.

Los Knicks, que ya estaban sin el lastimado Amare Stoudemire, enfrentan otra lesión grave que será difícil de superar en momentos en que intentan aferrarse al octavo lugar de la Conferencia del Este, el último que asegura un cupo en la postemporada.

Si se asume que Lin no pueda recuperarse esta temporada, la pregunta es dónde se volverá a ver la locura que desató, la popular frase "Linsanity".

Lin será un agente libre restringido a mitad de año, lo que permite a los Knicks igualar cualquier oferta que le hagan.

D'Antoni lo adoraba y Woodson le ha tomado respeto — a pesar de que parecía poner en duda el carácter de Lin al decir que optó por someterse a una operación cuando conoce a jugadores que han jugado lesionados. Pero no se sabe quién tomará las decisiones. Woodson quizás no continúe y el gerente general Glen Grunwald también tiene una etiqueta de interino.

Lin sabe dónde quiere estar.

"Creo que Nueva York, la forma en que se ha portado la ciudad, los aficionados, la prensa, todo el mundo, ha sido algo increíble", dijo. "Me encantaría mantener este equipo junto, siempre y cuando podamos. Todo el mundo, del primero al último".