Gran Bretaña planifica respuestas a una cantidad de pesadillas relacionadas con la seguridad de los Juegos Olímpicos, incluidos un ataque coordinado como el que se perpetró contra la red de tránsito de Londres, una bomba radiactiva o un ciberataque.

Luego del ataque en Francia contra blancos judíos, los expertos en seguridad comienzan a enfocarse también en las acciones de terroristas solitarios, que actúan por cuenta propia, sin el apoyo de nadie, y que son más difíciles de detectar.

Y admiten que no se puede garantizar que el personal de seguridad sea capaz de prevenir uno de esos ataques.

"No se puede excluir algo similar", expresó Denis Oswald, funcionario del Comité Olímpico Internacional que dirige la comisión coordinadora de la justa.

"Todas las sedes olímpicas tendrán protección especial, pero, desde ya, cuando estás en la calle, la gente que espera un autobús para ir a un estadio puede ser un blanco".

Mohamed Merah — un extremista musulmán de 23 años que dice haber recibido entrenamiento en Afganistán — se atribuyó la responsabilidad de la reciente matanza de paracaidistas, niños judíos y un rabino en la ciudad francesa de Tolosa. La policía lo mató a tiros tras cercarlo en una vivienda, luego de un asedio de 32 horas.

Los políticos franceses dicen que actuó por su cuenta, pero las autoridades están buscando posibles cómplices y las sospechas de que tuvo ayuda aumentaron cuando la cadena noticiosa Al Yazira recibió un video de los ataques que no había enviado él.

Las autoridades francesas dicen que Merah se movía en un círculo de extremistas musulmanes en Francia y que había estado dos veces en Afganistán. Le confesó a la policía que había recibido capacitación en el bastión rebelde de Wasiristan, Pakistán. Tenía abundantes antecedentes policiales y un hermano que se sospecha colaboraba con una red que enviaba combatientes a Irak.

Las autoridades francesas dijeron que no había suficiente evidencia como para poner a Merah bajo vigilancia. Los británicos enfrentan una situación parecida de cara a los juegos.

"La realidad es que hay mucha gente como él y que la mayoría de ellos nunca harán nada", expresó un funcionario del gobierno que pidió no ser identificado por el tipo de trabajo que realiza. "No puedes estar siguiendo a todos por todos lados".

De todos modos, Gran Bretaña es una de las naciones con mayor vigilancia del mundo.

Desde los atentados suicidas contra la red de transporte que mataron a 52 personas en horas pico el 7 de julio del 2005, se ha reforzado significativamente la red de inteligencia. El aparato de seguridad está en condiciones de escuchar las conversaciones telefónicas de la gente y observar sus comunicaciones por internet.

Se han enviado agentes con unidades militares que sirven en sitios como Afganistán para ver que información recaban relacionada con posibles ataques en Gran Bretaña.

Hay además equipos especiales que analizan transacciones financieras sospechosas, aspecto este que cobró fuerza tras unos atentados del año pasado en Noruega.

El extremistas de derecha Anders Behring Breivik hizo explotar una bomba con fertilizantes de 950 kilos (2.100 libras) que mató a ocho personas en el corazón de Oslo y luego inició una balacera en la que murieron otras 69.

Su nombre figuró en una lista de gente que había transferido dinero a una empresa química polaca sospechosa de colaborar con terroristas, pero las autoridades noruegas no investigaron más a fondo porque su orden era relativamente pequeña.

"La semblanza de esta gente que actúa sola es diferente de la vimos en los cuatro atacantes suicidas del 2005", manifestó Noman Benotman, un ex yijadista vinculado en algún momento con al-Qaida y que mantiene contactos con la comunidad yijadista. "Muchos han recibido algún entrenamiento, tienen convicciones firmes y logran pasar inadvertidos".

"Para los terroristas las olimpíadas representan una oportunidad de oro porque saben que todo el mundo estará mirando", indicó Benotman, quien ahora hace de analista de la Fundación Quilliam de Londres. "No importa si matan a siete o a 70".

Si bien no hay información de amenaza alguna a los juegos, las autoridades llevan años tomando medidas.

Se agregarán más cámaras de vigilancia a las 4,3 millones que ya están operando y algunas serán usadas junto con un avanzado sistema de reconocimiento facial y con bancos de datos que pueden vincular placas de vehículos con nombres.

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En este despacho colaboró el reportero de AP Steve Wilson, de Londres.