Los rebeldes de Malí atacaron el sábado la ciudad norteña de Gao, un día después de tomar control de la capital provincial de Kidal, dijeron un funcionario y testigos. La medida profundiza la crisis en esta nación del Africa occidental después de un golpe que estalló hace algunos días.

Las dos ciudades son piezas importantes para los rebeldes tuareg, que se subordinaron en enero con la ayuda del flujo de armas producido por la caída de la vecina Libia, donde muchos de los rebeldes habían estado a sueldo del entonces líder libio Moamar Gadafi. Gao está a 1.000 kilómetros (600 millas) de la capital Bamako, donde los golpistas se adueñaron del poder hace diez días.

Si Gao cae, la única otra gran ciudad en el norte de Malí en manos del gobierno es Timbuctú.

Un soldado estacionado en un campamento militar en las afueras de Gao dijo que oyó el retumbar de armas pesadas el sábado. Un residente de Gao dijo que vio a los combatientes tuareg en la ciudad y que hubo breves enfrentamientos en la ciudad. Agregó que la gente se había encerrado en sus casas. Los dos pidieron anonimato por temor a represalias.

Una fuente del gobierno en Níger, que habla con ambas partes en el conflicto, también confirmó el ataque y pidió no ser identificado por no estar autorizado para hablar con la prensa.

Se anticipa que los rebeldes enfrentarán más resistencia en Gao, donde la mayoría de los soldados pertenecen a la tribu bambara. En Kidal, la mayoría son tuaregs.

Residentes de Malí en Niamey, con familiares en Gao, dijeron que la ciudad era atacada con disparos de cohetes que los atacantes que pelearon para Gadafi trajeron consigo tras el desplome del régimen libio.

La insurgencia de casi tres meses ha costado las vidas de docenas de soldados de Malí que fueron despachados para resistir a los separatistas, a menudo sin municiones suficientes. La semana pasada, soldados de una guarnición en la capital empezaron a disparar al aire en medio de un motín por el tratamiento de sus colegas en armas.

El motín se propagó a otras guarniciones y el 21 de marzo, el presidente elegido democráticamente había huido del palacio presidencial y los soldados se habían adueñado del poder.

Malí enfrenta ahora severas sanciones económicas por el golpe. Se le ha dado a la junta un plazo de 72 horas, que expira el lunes, para devolver el poder a los civiles. Los golpistas envían una delegación a Burkina Faso el sábado para negociar con las potencias regionales, que amenazan sanciones.