Una mentira pasa una vez, ¿pero 50? Esa es la cantidad de veces que un falsificador de arte logró engañar a varios museos de Estados Unidos durante casi tres décadas en las que les donó sus copias de Picasso y otras obras.

Al parecer Mark A. Landis, quien se ha vestido de sacerdote jesuita y se ha hecho pasar por un donador acaudalado con un Cadillac rojo, aparentemente nunca cobró por sus engaños en 20 estados y nunca ha sido arrestado.

Ahora sus "obras" fueron reunidas en su propia exposición titulada Faux Real, la cual será inaugurada el Día de los Inocentes (que en Estados Unidos se celebra el 1 de abril) en la Universidad de Cincinnati.

Educar a la gente sobre los plagios y presentarles a Landis "es la única manera de detenerlo", dijo Mark Tullos, director del Museo Universitario de Arte Paul and Lulu Hilliard en Lafayette, Luisiana, que fue engañado en 2010 con la donación de una pintura supuestamente de la autoría del estadounidense Charles Courtney Curran.

Landis hace obras en óleo, acuarela, pastel, gis, tinta y lápiz y realiza la mayoría de sus copias para catálogos de museos o subastas que dan las medidas e información de los originales.

A veces hace sus regalos bajo nombres diferentes como padre Arthur Scott, el alias que usó en Hilliard, donde le dijo a las autoridades que su fallecida madre había legado obras de arte, entre ellas la pintura de Curran al óleo sobre madera "Three Women" y que la donaría para honrar la memoria de ella.

Tullos dijo que los empleados del museo comenzaron a sospechar porque Landis cambiaba de tema cuando le hacían preguntas. Después de que se marchó el museo concluyó que se trataba de un plagio.

Para convencer a los museos de que es un filántropo, también Landis inventa historias elaboradas sobre sus problemas de salud, dijo el cocurador de la exposición en Cincinnati, Matthew Leininger.

"Le han estado haciendo una cirugía en el corazón desde hace 30 años", dijo Leininger mientras contenía la risa. "Este es el caso más extraño en el mundo de los museos en años".

Landis, de 57 años, reconoce lo que hace. Le dijo a The Associated Press en una entrevista telefónica desde su casa en Laurel, Misisipí, que realizó su primera donación de arte falsificado a un museo de California en 1985.

"Ellos fueron muy amables. Me acostumbré a eso, y una cosa llevó a otra", dijo. "Nunca se me ocurrió que alguien pensaría que estaba mal".

La exposición de Cincinnati con cerca de 40 obras regaladas a 15 museos aumentó casi a 100 pues Landis mismo donó 60 piezas junto con su ropa de religioso.

Faux Real permanecerá abierta al público hasta el 20 de mayo en la Galería Dorothy W. and C. Lawson Reed Jr. Incluye descripciones de falsificadores famosos y detalles de cómo hizo Landis algunas donaciones y formas de detectar arte falso. Los visitantes pueden ver las obras bajo luces ultravioleta, lo que hace que algunas secciones brillen si tienen materiales contemporáneos.

Los expertos en arte dicen que el hecho de que Landis no acepte pagos por sus donaciones le ha permitido no ser imputado de un delito. Las autoridades de los museos afirman que las falsificaciones pueden afectar su reputación y provocan pérdida de tiempo y dinero para investigar el supuesto fraude.

Landis suele hacer de las suyas en museos pequeños, sin recursos para revisar detenidamente las donaciones. Aunque los museos no le pagan, algunos lo invitan a comidas, fiestas y le dan regalos como catálogos y otros objetos antes de darse cuenta de que los está engañando, dijo Leininger.

La exposición no juzga a Landis pero usa su historia para mostrar cómo surgen las falsificaciones y demostrar que las instituciones y la población no deben considerar el valor de las cosas sólo por lo que ven, dijo el cocurador de la exposición Aaron Cowan.

La muestra no aumentará el valor de las obras de Landis, considerado nulo excepto como herramienta educativa sobre las falsificaciones, y los curadores no han recibido objeciones sobre la exhibición de las obras.

Landis dijo que no sacará provecho de la muestra pero aceptó que "es lindo que ellos hagan esto". Aunque Leininger considera que Landis no puede detener lo que hace, el falsificador reconoce que es más difícil engañar a la gente ahora "que en las décadas de 1980 y 1990, cuando podías entrar por la puerta y donar".

"Ahora quieren todo tipo de documentación", agregó.