La desaparición de las abejas puede deberse al menos en parte a los efectos de un pesticida neonicotinoide, no por su toxicidad directa sino por su efecto desorientador, divulgó hoy un equipo de investigadores e ingenieros franceses.
Gracias a la implantación de microchips en el tórax de los insectos, los investigadores descubrieron que la ingesta de thiamethoxam, incluso en dosis muy inferiores a las que serían letales para estos animales, se traducía en una "disminución significativa" de la tasa de regreso a la colmena.
Este efecto, sumado a la mortalidad natural de los insectos, hace crecer el porcentaje de decesos diarios entre un 25 % y un 50 %, lo que supone tres veces la tasa normal, que ronda el 15 %, de acuerdo con el estudio.
El Instituto Nacional de la Investigación Agronómica (Inra) y la Asociación de Coordinación Técnica Agrícola (Acta) llegaron a estas conclusiones tras utilizar una muestra de 650 ejemplares, informaron en un comunicado.
Al trasladar sus resultados mediante un modelo matemático a la demografía real de las abejas, determinaron que la población podría reducirse a la mitad en periodo de polinización, llegando incluso al 75% si la mayoría de los miembros de una colonia se viesen afectados por el producto.
Esta disminución de ejemplares en un momento en el que la población de la colonia alcanza niveles máximos de actividad sería "crítica", según los científicos, y a la larga "podría afectar a la supervivencia de la colonia".
El estudio francés fue publicado en la revista "Science" junto a otro de la Universidad de Stirling (Reino Unido) en el que se demuestra cómo una pequeña dosis de imidacloprid, otro pesticida neonicotinoide, afecta a los abejorros, reduce su peso y hace que las colonias engendren un 85 % menos de abejas reinas.

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