Amigos y familiares del copiloto del vuelo 191 de JetBlue Airways dijeron que no quiere que lo consideren un héroe, pero así es precisamente como muchos lo llaman.

Los pilotos entrenan para una serie de imprevistos en vuelo, como pasajeros enfermos, aterrizajes de emergencia y ataques terroristas, pero Jason Dowd enfrentó el caso más inusual: decidir si sacaba a su capitán incapacitado de la cabina y realizaba un aterrizaje de emergencia después de que Clayton Osbon tuvo una crisis nerviosa el martes y los pasajeros tuvieron que someterlo.

Dowd se mantiene ajeno a la atención pública por ahora, pero probablemente lo espera una ola repentina de fama, tal como ocurrió con el capitán que protagonizó el llamado "Milagro en el Hudson", Chesley Sullenberger. Sullenberger logró acuatizar un Airbus 320 de US Airways en el río Hudson de Nueva York sin que se produjesen heridos.

JetBlue dijo que la decisión de aparecer en público depende de Dowd, pero que la aerolínea no hará más comentarios por respeto a su privacidad.

Expertos en relaciones públicas dijeron que hay grandes ventajas y desventajas al aparecer en público, como las que experimentaron "Sully" y su cocapitán Jeff Skiles tras su aterrizaje de emergencia en el Hudson.

"Para algunas personas es demasiado para lidiar, especialmente todo al mismo tiempo", dijo el doctor Ron Bishop, profesor de cultura y comunicación en la Universidad Drexel en Filadelfia.

"Parece que dadas todas las vías de escape y diferentes medios en que nos comunicamos, la atención prestada a una persona en esa situación se incrementa considerablemente", agregó.

Según documentos judiciales, Osbon se puso cada vez más incoherente el martes a bordo del vuelo con destino a Las Vegas, y Dowd estaba "realmente preocupado" cuando Osbon le dijo "Tenemos que dar un salto de fe".

Inquieto por el comportamiento de Osbon, Dowd sugirió que un capitán de JetBlue fuera de servicio y que volaba como pasajero fuese invitado a entrar en la cabina del piloto, pero en lugar de eso Osbon salió de la cabina y luego corrió gritando declaraciones confusas sobre los atentados del 11 de septiembre e Irán, según documentos y testigos.

El capitán fuera de servicio se unió luego a Dowd, y desde el interior de la cabina cerrada, a la que Osbon intentó regresar golpeando la puerta, el copiloto dio una orden a través del intercomunicador para que Osbon fuese controlado, de acuerdo con los documentos, que no mencionan por su nombre a Dowd. Los pasajeros derribaron a Osbon y Dowd desvió el vuelo de Nueva York a Amarillo, Texas. Nadie a bordo resultó herido de gravedad.

Los fiscales federales han acusado a Osbon, de 49 años, de interferir con una tripulación de vuelo y se encuentra bajo evaluación médica en un hospital de Amarillo.

Dowd no se considera un héroe, dijeron familiares el jueves, pero sus acciones en el vuelo del martes no fueron una sorpresa para sus amigos y familiares.

"Me alegro por aquellas personas que lo tenían como copiloto ese día", dijo la suegra de Dowd, Ruth Ann Kostal.

Dowd — que vive con su esposa y sus dos hijos pequeños en su ciudad natal de Salem, Ohio — no ha podido regresar a casa todavía porque aún está siendo entrevistado por las autoridades federales en Nueva York, dijo Kostal. El no ha hecho comentarios públicos sobre el vuelo del martes.

"Puedo verlo siendo un héroe. No me sorprende en absoluto que actuara de una manera tan profesional", dijo Patty Eaton, una secretaria en la iglesia a la que asiste la familia de Dowd.

Los pasajeros, incluyendo quienes ayudaron a someter a Osbon, también le dieron el crédito a Dowd por aterrizar el avión de forma segura.

David González, de 50 años de edad, quien ayudó a derribar a Osbon, dijo que el copiloto es el "verdadero héroe" por conseguir que el capitán saliera de la cabina y cerrara la puerta para que no pudiera volver a entrar.

"Es gracias a sus acciones que estamos aquí", dijo González sobre Dowd.

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Sheeran informó desde Salem y Bomkamp desde Nueva York. Los periodistas de The Associated Press John Seewer en Toledo, Ohio; y Oskar Garcia en Las Vegas; y la investigadora Rhonda Shafner en Nueva York contribuyeron a este despacho.