Durante horas tras hundirse su embarcación, Ken Henderson y Ed Coen se mantuvieron a flote en aguas del Golfo de México, hablando de la vida y de la muerte mientras se esforzaban por sobrevivir. Y durante más de 30 horas lo lograron.

En ese momento Henderson tuvo adoptar una decisión que le salvaría la vida, pero no la de su amigo.

"Es un esfuerzo desesperado, pero voy a buscar ayuda o no vas a sobrevivir", le dijo Henderson a Coen, antes de cortar el cabo que los unía en las frías aguas frente a la costa de Texas.

"Lo comprendo", le respondió Coen y dio a Henderson sus últimas instrucciones. "Besa a las niñas por mí".

Era viernes, hacia las 4 de la tarde, cuando se separaron.

El martes, días después de concluir la excursión en una tragedia, Henderson narró la peripecia a The Associated Press, alternado momentos de dolor, culpabilidad e incluso buen humor al recordar las últimas 30 horas en la vida de un hombre que había sido su amigo durante 25 años.

La tragedia comenzó el jueves hacia el mediodía. Llevaban pescando unas horas cuando Coen notó que su embarcación, Scarab, de 9 metros (30 pies) de eslora, comenzó a hacer agua. Henderson encendió cuatro bombas de achique. El agua siguió subiendo.

Coen cortó amarras rápidamente de una de las muchas plataformas de prospecciones de petróleo y gas que abundan en la zona en la habían estado pescando. Henderson prendió los motores, pero el agua salada que había entrado los había inutilizado.

"Socorro, socorro, socorro Marine 16", exclamó Henderson al transmitir el pedido de auxilio por su radio Marine. No hubo respuesta.

Marcó el número de urgencias en su teléfono celular. No había conexión.

Súbitamente, la embarcación zozobró, pero como ambos llevaban chalecos salvavidas, lograron ponerse a flote. En el agua agarraron otros chalecos y cuanto objeto de utilidad pudieron encontrar flotando.

"El agua estaba tan fría que te dejaba sin aliento", recordó Henderson.

Coen, un hombre delgado, comenzó a tiritar inmediatamente.

Tras intentar en vano nadar hasta un poco de gas que se encontraba a corta distancia, la pareja se preparó para una larga espera.

Y hablaron de todo, largo y tendido, intentando olvidar su peliaguda situación.

Henderson, tras separarse, logró llegar a nado hasta una plataforma de prospecciones deshabitada y tras encaramarse por la escalerilla a duras penas, descubrió agua potable, alimentos, ropa seca y un teléfono. Llamó a su esposa y le pidió que avisara a la Guardia Costera.

Dos horas después, Henderson fue llevado sin novedad a la base de la Guardia Costera cuando llegó por radio la terrible noticia. Un pescador había encontrado un cadáver con un chaleco salvavidas. Era Coen.

Posteriormente, en el hospital, Henderson vio el cadáver de su amigo. Se disculpó y le pidió perdón. Y le prometió cumplir su último deseo, relatar con orgullo su vida y cuidar a las niñas.

"Siento como si una parte de mí hubiese muerto allí" en alta mar, afirmó Henderson.

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