El Papa Benedicto XVI llegó el martes a la capital cubana en su segundo día de estancia en Cuba y cuando prevé reunirse con el presidente Raúl Castro.

El Sumo Pontífice aterrizó en el aeropuerto José Martí, donde lo recibió una banda musical de niños y adolescentes. Al pie de la escalinata de la nave otros niños le ofrecieron flores y el Papa caminó por una alfombra roja hasta un auto negro a bordo del cual abandonó la terminal, mientras otros niños bailaban ballet al un costado de la pista.

Benedicto XVI fue recibido por el cardenal cubano Jaime Ortega.

Temprano, en la ciudad oriental de Santiago, el Papa rezó porque Cuba tenga un camino de "renovación" y por los que se encuentran privados de la libertad.

"Hagan saber a cuantos se encuentren lejos o cerca que he confiado a la madre de Dios el futuro de la patria avanzando por caminos de renovación y esperanza", dijo el pontífice en una breve oración en el poblado de El Cobre, donde pernoctó la noche del lunes y donde se encuentra la imagen de la virgen la Caridad del Cobre, llamada aquí "La Mambisa".

El Pontífice, quien llegó el lunes al país, también dijo en Santiago que "he suplicado a la virgen santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad".

"Ante María de la Caridad me he acordado de modo particular de los cubanos descendientes de aquellos que llegaron aquí desde Africa", comentó el Pontífice.

Poco después de que el Papa elevara su plegaria, en La Habana el vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, advirtió en una rueda de prensa que en el país "estamos actualizando el modelo económico, no estamos hablando de reforma política".

De acuerdo con Murillo, lo que se lleva a cabo es la isla es la "actualización de la economía" y que "haga nuestro modelo sostenible", inspirados en lo que hicieron en "China, Vietnam y otros países de la Unión Europea para aprender y entender los conceptos" aunque sin copiarlos.

Los comentarios del alto funcionario parecieron una respuesta a las frases pronunciadas poco antes por Benedicto XVI, de 84 años.

Sobre lo que las autoridades cubanas no se han pronunciado es respecto a la detención de un hombre que irrumpió cerca del altar poco antes de que el Papa oficiara una misa masiva en Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla, a unos 900 kilómetros al este de la capital, cuya identidad y paradero actual se desconocen.

"Abajo la revolución, abajo la dictadura" se le escuchó gritar al opositor poco antes de ser sometido por un agente de seguridad cerca de la plataforma donde estaban camarógrafos y fotógrafos, algunos de los cuales captaron cuando después un hombre con un chaleco de la Cruz Roja abofeteó al manifestantes y lo golpeó con una camilla plegable antes de que otras personas retiraran al presunto socorrista.

Al final de la jornada, el vocero vaticano Federico Lombardi fue consultado sobre ese incidente y dijo que era "una protesta de oposición, creo", aunque admitió desconocer lo ocurrido exactamente.

Al inicio de su segunda jornada en la isla, el Papa oró por algunos minutos sobre una alfombra roja frente a la imagen de la Virgen de la Caridad, cuya escultura de madera fue encontrada flotando en la Bahía de Nipe hace 400 años. Precisamente este aniversario es el motivo para que el Pontífice estuviera en Santiago de Cuba.

Benedicto XVI además encendió un cirio frente a la virgen y posteriormente saludó a los fieles que lo aclamaban.

Dunia Felipillo, de 45 años y trabajadora de un hotel en Santiago, observó al jerarca mientras rezaba y luego comentó: "yo me siento muy orgullosa de que el Papa, una personalidad de su talla, haya ido al Cobre y venido (a Santiago) a darnos su bendición".

Agregó que no era católica pero que siempre le pide a "La Mambisa", nombre con el cual se denominaron los cubanos que lucharon por la independencia de Cuba, "los mambises" y que tomaron a la virgen como su protectora.

En su homilía en la misa celebrada el lunes por la tarde en Santiago, Benedicto XVI expresó enfáticamente el valor de la familia y de la fe ante decenas de miles de personas, entre ellos peregrinos cubano-estadounidenses.

"Ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada", dijo el Pontífice en su homilía.

El arzobispo de Santiago, Dionisio García, anfitrión de la ceremonia y quien le dio la bienvenida al Papa, expresó: "somos un pueblo mestizo, de culturas y orígenes diversos que se mezcló racial, social, y culturalmente en esta isla hermosa... adonde quiera que estemos, llevamos con orgullo el nombre de 'cubano'''.

García lamentó que a pesar de ser un pueblo plural y debido a "egoísmos, la incapacidad de dialogo y de respeto al otro" muchos cubanos se vieron afectados por la violencia. "Es necesario superar todas las barreras que separan a los cubanos entre sí. Este es un deseo querido por todos", manifestó.

En Cuba poco más de la mitad de los 11 millones de habitantes son mestizos o mulatos, 35% blancos y 15% negros, con una pequeña cuota de inmigrantes asiáticos y otros no europeos.

Según estimaciones, 10% de los isleños son católicos activos y entre 80% y 70% practica alguna religión afrocubana como la santería o la regla de Palo.

Los tres días que Benedicto XVI estará en Cuba inevitablemente desatan comparaciones con la histórica visita de Juan Pablo II en 1998, cuando Fidel Castro, de traje y corbata, saludó al jerarca católico en el aeropuerto de La Habana y Juan Pablo II, que ayudó a tumbar el régimen comunista de la Unión Soviética y Europa del este, le pidió a Castro que liberara a los presos de conciencia, prohibiera el aborto y le diera el lugar que la iglesia Católica merece.

Cuba niega que tenga presos políticos actualmente. Las autoridades se refieren a los disidentes como mercenarios, influidos por Estados Unidos. Varios grupos de los derechos humanos dicen que algunos cubanos permanecen encarcelados por sus actividades políticas.

El alemán Joseph Ratzinger, quien fue elegido como Papa en abril del 2005, no ha hecho ninguna referencia a prisioneros políticos.

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