Mientras Río de Janeiro se prepara para la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, llaman la atención los exteriores grises y azules de gran altura del estadio Maracaná.

Sin embargo, pocas personas reparan en la presencia de unos 30 indígenas que viven ilegalmente en una parte contigua a esta catedral del fútbol brasileño y que tendrán que marcharse a causa de los trabajos de remodelación por 63,2 millones de dólares en la zona.

El Maracaná, construido para la Copa del Mundo de 1950, será el escenario principal de los próximos grandes acontecimientos deportivos en la ciudad: será lugar de inauguración y clausura de las ceremonias de los Juegos Olímpicos y de la final del Mundial de fútbol.

Los invasores próximos al Maracaná no fueron considerados en los planes de restauración del vecindario que emprendió el estado.

El grupo, que vive al lado de un muro del Maracaná, incluye hombres y mujeres de unas 10 minorías étnicas, en su mayoría guaraníes, pataxos, kaingangues y gauajajaras. Viven en 10 casas que construyeron en el lugar del antiguo Museo Indio en Río, abandonado desde 1977.

Carlos Tukano, dirigente del grupo, señaló que el espacio provee un lugar para que se queden los indígenas que visitan Río de Janeiro, sea que vengan para recibir atención médica, educación o para vender artesanías a turistas en la playa.

"Cuando los indígenas vinieron a la ciudad, no tenían su propio espacio, carecían de dinero y tenían que dormir en las calles", dijo Tukano, quien proviene de una aldea en la zona profunda de la Amazonia. "Dijimos, 'no hay nadie aquí, hagámoslo nuestro espacio''', apuntó.

La mansión, que se está derrumbando, tiene techos altos que albergaron al museo antiguo que un brasileño rico donó en 1847 al gobierno, específicamente para que sirviera como centro para el estudio de las tradiciones indígenas.

Es incierta la suerte de los ocupantes ilegales. Tukano sólo ha escuchado rumores de lo que ocurrirá en la zona: que la convertirán en estacionamiento o en un centro comercial o simplemente un trayecto hacia el estadio.

Los indígenas saben que tendrán que irse, pero desconocen el cuándo y el cómo porque las autoridades no se los han informado oficialmente.

"Estamos esperando una oportunidad remota", agregó. "No sabemos cuándo o de dónde provendrá (la orden de desalojo)", señaló.