Una máquina ronronea mientras da pulsos eléctricos a la flácida piel en la línea de la mandíbula y abdomen de Barbara Penha, un tratamiento de alta tecnología que promete tensar sus carrillos caídos y esculpir su floja barriga.

La técnica es lo último en las clínicas dermatológicas elegantes para legiones de mujeres acaudaladas que invierten grandes cantidades de tiempo y dinero para verse mucho mejor en bikini.

Pero Penha no es una mujer de la alta sociedad ni pagó los 450 dólares que cuesta normalmente una sola sesión de radiofrecuencia en Río de Janeiro. La empobrecida ama de casa obtuvo el tratamiento sin costo en una clínica que da a los pobres acceso al tipo de tratamientos cosméticos que se han vuelto casi de rigor entre la élite adinerada de Brasil.

Bótox, depilaciones con láser, exfoliaciones químicas o tratamientos contra la celulitis sin costo podrían parecer algo terriblemente frívolo en un país como Brasil, donde a pesar del fenomenal crecimiento económico en años recientes que ha sacado a millones de la pobreza extrema, aún se lucha contra enfermedades como la tuberculosis o el dengue.

Pero la filosofía detrás de la clínica de la Sociedad Brasileña de Medicina Estética y otras 200 clínicas similares de todo el país que atienden a personas como Penha y a miles de mucamas, recepcionistas, meseras y otras personas de clase trabajadora como ella, es simple: sus médicos sostienen que la belleza en este país, uno de los más obsesionados por la estética, es un derecho y que los pobres también merecen embelesarse.

Los médicos argumentan que la belleza es más que epidermis y al tratar lo que sus pacientes ven como fallas físicas, muchas veces también sanan las sicológicas.

"¿Qué es una arruga? Algo menor, ¿no? Algo con poca importancia en sí misma", dice Nelson Rosas, el médico que encabeza la sucursal de la clínica en Río. "Pero cuando tratamos la arruga, esa pequeña cosa sin importancia, en realidad estamos tratando algo muy importante: la autoestima del paciente".

El cirujano plástico brasileño Ivo Pitanguy fue el pionero en décadas pasadas de la idea de que los tratamientos de belleza pueden actuar en la misma forma que el sicoanálisis, ayudando a pacientes a liberarse de neurosis catastróficas.

Apodado el "filósofo de la cirugía plástica" por su enfoque intelectual y sicoanalítico del tema, Pitanguy, de 85 años, es en mayor parte responsable de la reputación de Brasil como líder mundial en el campo y su estatus como principal destino del turismo de cirugía cosmética.

Su habilidad con el escalpelo lo catapultó a la fama internacional, se dice que es el segundo brasileño más famoso después de la leyenda de fútbol Pelé. Es el hombre al que acuden celebridades de primera, políticos y nobles de todo el mundo que buscan un arreglo rápido a sus agobios estéticos. Se dice que su larga e ilustre lista de pacientes incluye a famosos como Zsa Zsa Gabor, Francois Mitterrand y Brigitte Bardot, aunque el discreto médico raramente menciona nombres.

El prestigio de Pitanguy entre los ricos y famosos del mundo le permitió unirse a sus filas y se transporta a Río por helicóptero desde su isla privada. Pero siempre ha sido atento con los menos privilegiados.

Hace más de medio siglo fundó un ala de cirugía para ayudar a atender a los pobres. Mientras el ala del hospital Santa Casa de Misericordia en Río se enfoca en las operaciones de reconstrucción para quemados y personas con deformaciones serias, también ofrece procedimientos cosméticos con descuento.

Otros hospitales han hecho lo mismo desde entonces. Ahora al menos dos decenas de hospitales públicos en Río ofrecen cirugías cosméticas con descuentos o, algunas veces, gratis a las personas de menores ingresos.

A nivel nacional, más de 220 hospitales ofrecen procedimientos gratuitos o con descuento, de acuerdo con una página en internet.

Con más de 11,5 millones de operaciones por año, Brasil es el segundo país donde más cirugías plásticas se realizan después de Estados Unidos, pero aquí no existe el estigma que persiste en el país del norte.

Celebridades locales aparecen en las tapas de lustrosas revistas con títulos como "Plástica y belleza" y hablan con elocuente poética sobre su más reciente estiramiento facial, implante de senos o ronda de bótox. Los actores en las telenovelas estelares que cautivan al público regularmente se practican cambios quirúrgicos al igual que los personajes que interpretan como parte del guión dramático de los culebrones.

El silicón, destacado prominentemente en la playa carioca todo el año, se apodera del escenario central en el Carnaval, cuando las reinas de la samba visten sólo lentejuelas espolvoreadas y plumas que realzan curvas que desafían la gravedad. Aquí, los implantes de senos y glúteos son las cirugías plásticas más populares, junto con la liposucción, estiramiento facial y procedimientos para reducir orejas prominentes.

Actualmente el Senado está debatiendo si vuelve obligatorio que el servicio nacional de salud pague por la reconstrucción de senos a pacientes con cáncer. La oficina financiada por el gobierno paga las gastroplastías para los obesos mórbidos y algunas cirugías reparadoras, como el labio leporino infantil.

"En Brasil la cirugía plástica ahora es vista como la norma", dijo Alexander Edmonds, profesor de antropología en la Universidad de Amsterdam y autor de "Muy moderno: belleza, sexo y cirugía plástica en Brasil". "De alguna forma, la cirugía se está volviendo el estándar de cuidados entre las mujeres ricas y de clase media, y por eso no sorprende que las personas de clase baja aspiren a ella también".

Aunque reconoce los beneficios sicológicos potenciales que algunas veces resultan de la cirugía plástica, Edmonds advierte que la actitud tolerante de Brasil hacia estos tratamientos puede ser peligrosa.

"Los problemas y riesgos de una cirugía muchas veces son minimizadas y estas operaciones tienden a ser vistas como un embellecimiento como cualquier otro, y por su puesto no lo son".

Sin embargo, las preocupaciones no detienen a muchos. En los pocos días del año en que las personas con bajos ingresos pueden solicitar cirugías económicas o gratuitas, largas filas rodean los hospitales. Una vez que su caso es aprobado, los pacientes muchas veces pasan meses e incluso años en lista de espera antes de ser intervenidos.

Las cirugías también benefician a los hospitales porque permite a los médicos jóvenes mejorar sus habilidades. La clínica en Río de la Sociedad Brasileña de Medicina Estética ha intervenido a más de 14.000 pacientes sin costo desde su fundación en 1997, de acuerdo con el doctor Rosas.

Nilcea Furtado esperó tres años para someterse a una depilación con láser sin costo.

"Desde adolescente tuve horribles vellos en mi barbilla y traté de todo para deshacerme de ellos, pero nada funcionó", dice la mujer de 48 años, cuyo salario de todo un mes como secretaria es menos que una sola sesión de depilación láser.

"Había escuchado que el láser era efectivo, pero era demasiado costoso, parecía un sueño imposible para mí". Seis sesiones después, la barbilla de Furtado está suave y tersa, y ella se siente como una nueva mujer. "Nunca imaginé que vería esto en el espejo. Es una sensación increíble".