El ministro de Salud Pública uruguayo descartó el martes que el tráfico de órganos haya sido uno de los motivos de los 16 asesinatos de pacientes hospitalarios admitidos por dos enfermeros, que fueron procesados y cumplen prisión preventiva.

"Toda la medicina del Uruguay trabaja por la vida y la salud y entre esto está la donación de órganos a los bancos respectivos donde todo está bajo control, institucional y técnico. Tenemos récords de donantes y transplantes y somos un país ejemplo en la región, por eso está absolutamente descartado el tráfico de órganos" en estos crímenes, dijo en rueda de prensa el ministro Jorge Venegas.

Venegas estuvo acompañado por el subsecretario de Salud Pública Leonel Briozzo y por Eduardo Levcovitz, representante de Uruguay ante la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, que prestan colaboración técnica en la investigación de los crímenes.

El juez penal Rolando Vomero y la unidad del crimen organizado continúan investigando el caso que ha causado alarma pública, dijo Venegas.

Briozzo indicó a The Associated Press que "se han realizado pericias psiquiátricas a los dos involucrados, pero hasta el momento no tenemos los resultados", aunque todo lo declarado e indagado previamente parece indicar que actuaron con total conocimiento de lo que hacían.

Los dos enfermeros, causantes directos de los crímenes con inyecciones de morfina y de aire, adujeron que lo hacían para aliviar los males de los pacientes, indicó el juez Vomero. Sin embargo, se comprobó que hubo casos de pacientes que no padecían enfermedades terminales que también fueron víctimas de esa práctica letal.

El relato de Leslie Menchaca, una joven de 36 años nieta de una de las víctimas, es estremecedor.

"Sólo nosotros sabemos lo que estamos pasando con el asesinato de mi abuela. Ella fue internada el primero de marzo con un cuadro de convulsiones. Era diabética, pero con todos los cuidados del caso. No era para morirse. Tenía 74 años", dijo la joven en entrevista telefónica con la AP.

Recordó que su abuela, Santa Gladys Lemos, "compartía la sala con otras tres personas internadas y le pusieron 'la loca' porque se había quitado las vías que tenía colocadas para pasarle suero... Entonces la ataban a la cama".

El 12 de marzo la mujer recibió el alta y aguardaba que su familia la pasara a buscar por el hospital público Maciel. "De pronto nos avisaron que había decaído y echaba espuma por la boca, una hora después, nos dijeron que estaba recuperándose normalmente y al rato retornaron quienes la atendían y nos informaron que había fallecido", dijo Menchaca.

"Es horrible lo que está pasando y lo que nosotros estamos pasando. Porque alguien puede morir de alguna enfermedad, eso está claro, pero esto fue un asesinato", añadió.

Las autoridades informaron que se están implementando rápidamente medidas de seguridad en los establecimientos de salud para minimizar las posibilidades que se repitan episodios de esta naturaleza.

Una de esas medidas es, dijo Briozzo, la instalación de cámaras tipo "cajas negras de los aviones" para los controles. No dijo cuánto tiempo demandará instalar las medidas adicionales de seguridad.

Levcovitz dijo que ambos organismos internacionales de salud "quedaron a completa disposición de las autoridades uruguayas" y recordó que aunque no es común "se han producido episodios de este tipo a lo largo de la historia".

"El homicidio serial en materia de salud es infrecuente, aunque hubo episodios de estos en Inglaterra, España y los Estados Unidos, pero son los primeros en América latina hasta ahora", dijo Levcovitz.

Las muertes se produjeron en dos centros, el sanatorio privado La Española y el hospital Maciel, ambos en Montevideo. Además de los dos enfermeros fue procesada por encubrimiento una enfermera.

Se desconocen los nombres de los tres porque según la legislación uruguaya no se puede identificar a quienes no tienen antecedentes penales.