Soldados sirios con apoyo de tanques tomaron la ciudad oriental de Deir-el-Zour el martes, más reciente reducto opositor que cae ante una ofensiva de las fuerzas del gobierno y sus mejor armamento.

El activista Osama Mansour dijo que las fuerzas del gobierno y los blindados entraron a la ciudad, situada a 100 kilómetros (60 millas) de la frontera iraquí, desde cuatro costados y provocaron breves tiroteos con los combatientes del Ejército Sirio Libre.

Mansour dijo vía telefónica desde Deir el-Zour que los rebeldes abandonaron la lucha y se refugiaron en viviendas para evitar la destrucción de la ciudad.

En las últimas semanas, al tomar poblaciones de manos rebeldes, las fuerzas del gobierno han cañoneado los vecindarios antes de enviar a los soldados, lo que ha provocado muertes y graves daños.

"Sabían que no podían mantener el control de los barrios, así que decidieron desistir de la lucha, sabiendo que el régimen vendría con armas pesadas y mataría a muchos civiles", dijo Mansour.

Los rebeldes también carecían de armas y municiones, añadió.

Rami Abdul-Rahman, del Observatorio Sirio por los Derechos Humanos con sede en Gran Bretaña, que confía en una red de activistas en el país, dijo que los rebeldes encararon escasa resistencia al tomar la ciudad hace unos días, pero en los últimos tres días, las fuerzas del régimen atacaron algunos de sus escondites en el barrio de Omal y mataron a más de 25 combatientes. Mansour dijo que los rebeldes sufrieron 15 bajas en los últimos días.

El martes, fuerzas gubernamentales entraron al resto de los barrios. No hubo bajas en el día, dijeron activistas.

Por otra parte, el grupo de derechos humanos Human Rights Watch acusó a algunos efectivos armados de la oposición siria de abusos graves en el país.

El organismo con sede en Nueva York señaló que los abusos incluían secuestro y tortura de miembros de las fuerzas de seguridad sirias, un indicio de la creciente complejidad del levantamiento contra el presidente Bashar Assad.

El señalamiento de HRW se dio en una carta abierta dirigida al Consejo Nacional Sirio (CNS) y ocurre en momentos en que la revuelta siria se transforma en una insurgencia, en la que desertores del ejército y otros opositores al gobierno toman las armas en busca de derrocar a Assad. También agrega una nueva arista violenta a un conflicto que ha matado a 8.000 personas desde que comenzó hace un año.

"Las tácticas brutales del gobierno sirio no pueden justificar abusos de los grupos armados opositores", dijo Sarah Leah Whitson, directora de Medio Oriente de HRW. "Los líderes de la oposición deben dejar claro a sus seguidores que no deben torturar, secuestrar o ejecutar bajo ninguna circunstancia".

El levantamiento sirio comenzó con manifestaciones mayormente pacíficas contra el gobierno, inspirado en otras revueltas del mundo árabe, pero el régimen reaccionó con violencia, abrió fuego contra las protestas y encerró a miles de manifestantes. Assad ha justificado la represión con el argumento de que terroristas y extremistas extranjeros dirigen la revuelta.

El régimen ha usado los crecientes ataques contra sedes del ejército y las fuerzas de seguridad como prueba de que enfrenta una amenaza extremista.

Sin embargo, los opositores dicen que han sido forzados a tomar las armas debido a que las fuerzas del gobierno utilizan tanques y francotiradores contra manifestaciones pacíficas.