Con motivo de una entrevista con un periodista italiano, Lionel Messi reveló que, al pisar por primera vez Barcelona y ansioso por echar un vistazo al mar, le sorprendió el tinte del mediterráneo. "No era azul como creía, era de color gris", recordaba.

La costa catalana también atrajo en su día a César Rodríguez, que abandonó su León natal con la única condición de vivir junto al mar, desestimando así una oferta del poderoso Atlético Aviación madrileño.

El horizonte barcelonés es sólo uno de los múltiples puntos en común de Messi y César, dos futbolistas de épocas distintas que cruzaron su leyenda el martes 20 de marzo de 2012, cuando el argentino empató y luego superó el récord de goles de César con el club catalán.

Con sus goles a los 17, 67 y 86 minutos del partido contra el Granada por la 28va fecha de la liga española, Messi llegó a 234 con la camiseta blaugrana, para superar el récord histórico de 232 que César fijó entre 1942 y 1955.

"Lo siento por los que quieren ocupar su trono, pero es un jugador simplemente distinto a todos los demás", afirmó el timonel Pep Guardiola tras la tripleta del argentino. "Es el mejor porque, aparte del talento y la fortaleza mental, aparece cuando se le necesita. Con el 2-2, se adueñó del momento y marcó el gol".

Messi se enfadó al término del anterior partido ante el Sevilla porque el árbitro le anuló un tanto que, de haber valido, hubiera supuesto la mítica marca, después que el departamento de estadísticas del club recontara los goles de César y comunicara oficialmente el lunes que la cifra en cuestión estaba en 232 en todas las competiciones, no los 235 contabilizados hasta entonces.

Hasta ahora, el argentino lleva siete partidos seguidos marcando, con 17 goles en ese tramo y, con 54 en 45 cotejos esta temporada, tiene un increíble promedio de 1,2 por partido. La tendencia no se alteró ante el Granada y el Camp Nou celebró que Messi, con apenas 24 años, rompa el récord del ídolo de mediados del siglo pasado.

Curiosamente, el club andaluz fue también uno de los ex equipos de César, que jugó cedido dos años con los rojiblancos antes de marcar época como barcelonista.

El Barsa lo había fichado del modesto Frente de Juventudes de León en 1939 por unas 2,000 pesetas de la época (12 euros actuales) y lo cedió el primer año al Sabadell. Ante la obligación de cumplir los dos años de servicio militar en Granada, optó entonces por prestarlo al equipo local. Indirectamente, César recibió insinuaciones que un cambio al Espanyol beneficiaría su panorama militar, pero el delantero prefirió quedarse en el Barsa.

Messi no le costó 12 euros al club catalán, pero ingresó en la cantera azulgrana siendo un niño, sin paso previo por ningún gran club argentino y firmando una servilleta de papel que le ofreció su descubridor, Charly Rexach. Debutó la campaña 2004 precisamente ante el Espanyol, y su ascenso ha sido imparable desde entonces para marcar una era en el fútbol mundial.

Tres veces seguido ganador del Balón de Oro, cinco ligas españolas conquistadas, tres Ligas de Campeones, una Copa del Rey y un trofeo de máximo goleador en España son el resumen acotado de un palmarés sobrecogedor. Y para el relato generacional, quedan las imágenes de sus grandes goles.

Uno de los más recordados, por dificultad, belleza plástica y contexto histórico, es el que le marcó al Getafe el 18 de abril de 2007, en que gambeteó a medio equipo azulón antes de sortear también al arquero y emular así el antológico segundo tanto de Diego Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México 1986.

Las comparaciones con el "Pelusa" han sido constantes en la trayectoria de Messi, pero las crónicas constatan que César (otro al que apodaban "Pelucas") también consiguió un gol muy similar el 12 de septiembre de 1948 contra el Oviedo.

Como Messi, el leonés también fue un prodigio técnico de la época que revolucionó la posición de delantero centro, yendo a buscar balones al mediocampo y cayendo a ambas bandas, además de exhibir un gran remate de cabeza. Los centrales de la posguerra española, acostumbrados a chocar con arietes estáticos, sufrían con su movilidad, algo parecido a lo que les ocurre a los actuales con la ubicación de falso "nueve" de "La Pulga" en el esquema de Pep Guardiola.

Ambos genios también formaron parte de un colectivo que marcó época. "El Barsa de las cinco Copas" de Ladislao Kubala, Estanislau Basora, Tomás Moreno y Eduardo Manchón en el caso de César, y el considerado mejor equipo del mundo actual en que Messi comparte crédito junto con Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Carles Puyol.

El éxito de aquel Barsa de principios de los años 50 provocó la construcción de un coloso a la altura del equipo, y el club cambió el estadio de Les Corts por el actual Camp Nou. Curiosamente, solo en la era de bonanza de Messi el club se ha planteado el proyecto de un nuevo campo, actualmente en fase de estudio.

El palmarés del argentino le coloca a la altura de mitos como Maradona, Alfredo Di Stefano, Pelé o Johan Cruyff, quizás por encima. En su carrera hacia la gloria futbolística, los elogios se han multiplicado en los últimos días, incluyendo a las máximas instituciones futbolísticas.

"Messi es un asesino, no se cansa nunca", dijo el presidente de la UEFA Michel Platini.

"Para mí no hay discusión: es el mejor del mundo", convino el ex internacional alemán Franz Beckenbauer. Y sus compañeros agotan los calificativos. "Es una maravilla verle jugar. Es incomparable, único. Cuando acabe será considerado el mejor de la historia. Se merece todas las reverencias", comentó Xavi.

Sus cinco goles al Bayer Leverkusen en la Liga de Campeones hace una semana multiplicaron la admiración, empezando por el último jugador azulgrana en lograr la gesta en 1976, Manolo Clares: "Es fenomenal que sea Messi quien te iguale, porque es el número uno. Está al nivel de Cruyff y Maradona", dijo.

Con "La Pulga", nadie descarta que consiga algún día superar los seis que le marcó César al Castellón (en 1941, con el Granada), o el récord de Kubala de siete tantos en un partido.

Por ahora, Messi contempla un horizonte de todo menos gris y con un mar de goles a sus espaldas.