"Víctor, Victoria", "Chicago", "El fantasma de la ópera", "Piaf", "Drácula". La oferta es amplia y el público acude en masa a los teatros. Pero no, no se trata de Broadway, sino de la nueva realidad de la calle Corrientes.

La emblemática avenida, eje de la actividad teatral porteña, ofrece desde hace algunos años una cantidad de superproducciones musicales dignas de las grandes capitales del mundo.

Es un fenómeno relativamente novedoso para Buenos Aires, ciudad con una arraigada cultura teatral pero donde no abundaban las grandes producciones musicales al estilo Broadway, en buena medida debido al alto costo de éstas.

Un mayor poder adquisitivo, un elevado nivel artístico y el actual auge del turismo, no obstante, han propiciado un boom de los musicales en años recientes, que incluye tanto producciones importadas del extranjero como obras locales.

El fenómeno, además, actúa como una vidriera para el talento local, permitiendo el salto de algunas figuras nacionales a los grandes escenarios mundiales, como Elena Roger, Josefina Scaglione y Gustavo Wons, quienes conquistaron las tablas en Londres o Nueva York.

"En Buenos Aires siempre hubo un circuito Off, donde el contacto con la música y el baile eran una constante", sostiene Lino Patalano, un productor teatral con más de 40 años de experiencia y quien desde 1994 es director del emblemático teatro Maipo. "Ahora, el musical llegó a la calle Corrientes para profesionalizarse y ampliar su alcance", incluyendo así grandes superproducciones.

"La enorme tradición teatral que hay aquí, tanto narrativa como musical, no la he visto en ninguna otra ciudad de América Latina. Eso hace especial a Buenos Aires", acota Robert McQueen, director asociado de la producción local de "Mamma Mia!", que se estrenó el 16 de marzo.

McQueen, quien ha dirigido también en Tokio, Ciudad de México, Sao Paulo y otras grandes urbes, dice que "la ciudad está muy conectada con la tradición europea. Se ama el lenguaje, por eso se ama el teatro; se ama la música, por eso ahora también se aman los musicales".

Esta expansión del género se refleja en la cantidad de obras en cartel: en lo que va del año ya se han estrenado cuatro grandes musicales ("El diluvio que viene", "Casi normales", "Excalibur", "Por amor a Sandro"), además de "Mamma Mia!".

También se nutre del mayor conocimiento del estilo que hoy demuestra el espectador porteño.

"En mi caso, consumo más shows musicales extranjeros que nacionales. Generalmente el costo de la entrada es mayor pero estoy dispuesto a pagar más porque sé que valdrá la pena", expresa Ricardo Sarmiento, un espectador que organiza salidas grupales al teatro desde su blog www.personalentertainer.com.ar.

Sarmiento opina que en la última década aumentó el gusto por las superproducciones porque "el público teatral en Buenos Aires mira mucho hacia afuera y no todos pueden viajar a Nueva York para ver las obras. La gente quiere tener aquí lo mismo que está en cartel en las grandes plazas".

Ariel Del Mastro, director argentino de trayectoria y responsable actual de "Por amor a Sandro", un homenaje al recordado ídolo popular, remarca que "el público no sólo aceptó el musical como género y ya no cuestiona por qué en medio de un diálogo los actores comienzan a cantar o a bailar, sino que ha visto muchos títulos".

"Que haya cinco nuevos musicales en la calle Corrientes a comienzos de año marca un cambio. Antiguamente, sólo un productor se animaba a estrenar en esta época", considera Del Mastro en referencia a los meses fuertes del verano en Buenos Aires, tradicionalmente considerados como una temporada "desierta" en la gran ciudad.

En la actualidad, esa dinámica se ha modificado como consecuencia de la profesionalización de la industria y del mayor poder adquisitivo del espectador promedio. El siempre ávido público porteño vio subir sus ingresos del equivalente a 20.000 dólares anuales en 2009 a 24.800 en 2011, conforme a datos del Ministerio de Desarrollo Económico de Buenos Aires.

Por ello, no resulta extraño el pronunciado incremento en la asistencia a las salas. Las estadísticas de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales señalan que en 2010 hubo 3 millones de espectadores, frente a los 2,3 millones de 2006.

"Los empresarios buscan producir más porque ven el negocio y saben que pueden recuperar el dinero", señala Del Mastro.

El fuerte aumento del turismo también colabora. El buen nivel de las producciones y la posibilidad de disfrutar de un espectáculo aunque se desconozca el idioma local, atrae más público extranjero.

"Antes, los meses de verano se consideraban como temporada baja en la ciudad, tanto para los espectáculos como para el turismo. Ahora, eso ya no ocurre", nota el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi. "Con la creciente oferta de musicales, la dificultad idiomática incide menos y se capta un mayor número de público de otros países".

El más reciente informe del Observatorio Turístico de la ciudad, dado a conocer el pasado mes, establece que en 2011 ingresaron a Buenos Aires 3,1 millones de turistas extranjeros, lo que representa un aumento del 20% por ciento respecto de 2010 y del 50% con relación a 2009.

Entre bastidores, los entendidos coinciden en que una de las claves del éxito del musical reside en la mejor formación que hoy poseen quienes suben a escena.

Así, Patalano recuerda con humor que "cuando (la actriz y vedette) Nélida Lobato hizo 'Chicago' en el Nacional, en 1977, conseguir un cuerpo de baile que también cantara era un milagro".

En la actualidad, en cambio, "las audiciones cada vez tienen mejor nivel y los artistas están preparados integralmente", acota Del Mastro.

"También hay un talento innato en Buenos Aires", dice el director, recordando el protagónico de Roger en la puesta de "Evita" en Londres y su inminente estreno en Nueva York.

Wons, que integró entre 2005 y 2006 el elenco de "El violinista sobre el tejado" con Alfred Molina en Broadway, sostiene que los argentinos, "además de la experiencia profesional, tenemos ese plus tan pasional por lo que hacemos; algo relacionado con nuestra cultura".

"Mi impresión al llegar a Nueva York fue que mis colegas se sorprendían; no esperaban encontrarse con gente tan preparada", resume Wons, actual coreógrafo de "Judy", producción argentina en homenaje a Judy Garland.

En 2009, Scaglione cambió su traje de Amber Von Tussle en la puesta porteña de "Hairspray" por el rol protagónico de María en la reposición de "West Side Story" en Broadway. Con una visión afín a la de Wons, la actriz apunta: "Tenemos algo en el escenario que luce, más allá de toda la formación que uno pueda tener. Es carisma. Eso llama la atención del productor y también del público norteamericano".

A nivel artístico, los dos talentos se reconocen como "un puente" entre ambos lados del continente. "Cuando yo me fui, trabajar en Broadway era casi inalcanzable; el 'sueño americano''', dice el coreógrafo. "Los jóvenes que se inician ahora, en cambio, piensan que no es algo imposible".

Hay quienes afilan el lápiz y ponen en duda la durabilidad de este auge. Daniel Grinbank, un pionero en materia de nutrir a Buenos Aires con espectáculos internacionales desde mediados de los años 80, considera que "el buen crecimiento profesional, lamentablemente, no coincide con el aspecto económico".

"La producción de un musical es muy onerosa, requiere mucha gente de escenario, músicos y un gran equipo de realización. El alto costo de los musicales no se puede trasladar al precio de las localidades", expone el empresario, responsable de las puestas locales de "Sweet Charity", "Chicago" y "Los Miserables". "Aunque hay una mayor oferta, no hay más público".

Patalano destaca que "en otros años, cuando te iba bien con una obra, pagabas dos o tres fracasos. En este momento, para pagar un fracaso, te debe ir muy bien con tres o cuatro espectáculos".

"Igualmente todos seguimos produciendo y vivimos bien de esto", concluye. "Con más o menos angustias, mantenemos viva la llama".