El Vaticano inició una investigación penal interna sobre las filtraciones de documentos confidenciales en torno a la presunta corrupción y malversación financiera, junto con las rencillas internas entre la alta curia, dijo el sábado un prelado del Vaticano.

Además, el propio papa Benedicto XVI creó una comisión especial para aclarar el escándalo, puesto que estaba muy perturbado por la "deslealtad" de aquellos que filtraron los documentos, dijo monseñor Angelo Becciu, subsecretario de la secretaría de Estado del Vaticano, en declaraciones a L'Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede.

El escándalo, y la inusual amenaza de castigar a los autores dentro del propio sistema judicial del Vaticano de sanciones penales y administrativas, se produjo en un momento muy delicado para la Santa Sede, que intenta obtener la aprobación europea de su transparencia financiera y que sus medidas contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo cumplan con las normas internacionales.

La filtración de documentos que hablan de supuesta corrupción en la adjudicación de contratos, mala gestión de las finanzas, luchas internas y disputas sobre los nuevos esfuerzos del Vaticano contra el lavado de dinero no han ayudado a ese propósito.

El viernes, un equipo de inspectores del Consejo de Europa concluyó una visita de tres días a la Santa Sede para revisar el cumplimiento de las normas exigidas por el Grupo de Acción Financiera, el órgano de formulación de políticas con sede en París que ayuda a desarrollar legislación contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo.

Fue la segunda visita de ese tipo como parte de un proceso de evaluación que culminará a principios de julio, cuando se notifique al Vaticano si cumplió con 49 recomendaciones del grupo, que cubren todo, desde la debida diligencia en las entidades bancarias a la congelación y decomiso de activos terroristas.

El cumplimiento ayudaría a impulsar los esfuerzos de la Santa Sede para entrar en la llamada "lista blanca" de países que comparten información financiera, una designación que el Vaticano espera le quite para siempre su reputación como un paraíso fiscal plagado de escándalos y obsesionado con el secretismo.