El gobernador del estado oriental de Monagas, José Gregorio Briceño, denunció el viernes que está "viviendo un golpe de Estado" en su entidad debido a que el gobierno central le quitó el control de la policía estatal pocos días después que la directiva del partido oficialista lo suspendió de la organización.

"No tengo control de la policía del Estado en este momento. Soy la máxima autoridad, pero estoy viviendo un golpe de Estado", dijo a la prensa Briceño, cuyas recientes críticas contra algunos dirigentes cayeron mal en el gobierno.

Ningún funcionario emitió de momento comentarios sobre la denuncia de Briceño.

En una muestra de la intensa pugna que hay en el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Briceño cuestionó con dureza a algunos miembros de la organización y en especial al presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Diosdado Cabello, al que señaló de haber amasado gran poder y de participar en lucrativos negocios al amparo del gobierno.

El gobernador disidente aseguró que ahora era el "hombre más perseguido" por la policía política, la Guardia Nacional y la inteligencia del Ejército.

"Tengo custodia para entrar y salir de mi casa...El Sebin (Servicio Bolivariana de Inteligencia Nacional) le tiró un asalto a mi cuerpo de seguridad. Andan detrás de mi vida", indicó, al tiempo en que denunció que el oficialismo le estaría preparando un juicio.

"Preparen la celda. No me iré. Cumpliré mi mandato. Me mantendré en una posición independiente", enfatizó.

Briceño descartó que vaya a asistir al tribunal disciplinario del PSUV, tal como se lo exigió la directiva del partido luego de anunciarle la suspensión el 14 de marzo. Consideró que el presidente Hugo Chávez y el vicepresidente Elías Jaua ya lo habían "sentenciado" por adelantado.

Jaua anunció a mediados de semana que Briceño había sido suspendido del PSUV por violar las "normas éticas" de la organización al criticar a algunos dirigentes del partido y advirtió que si el gobernador no acudía al tribunal disciplinario sería expulsado.

El vicepresidente negó que exista una división interna en el partido oficialista e instó a la militancia a cerrar filas.

El gobernador de Monagas defendió la postura que mantuvo en relación con el derrame petrolero ocurrido en febrero que contaminó un río y dejó sin servicio de agua a la capital de la entidad. Agregó que prefirió enfrentarse al PSUV y al gobierno, que trató de minimizar el accidente, para no afectar a la población.

"No envenenaré al pueblo por la estabilidad de un partido", dijo Briceño, y aseguró que se negó vehementemente a acatar una orden oficial para activar una planta de tratamiento de agua que se alimentaba del río Guarapiche, porque "las trazas de petróleo fueron descomunales".

Briceño consideró como "negligente" la actuación de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) en el caso del derrame petrolero.

La contaminación con petróleo que sufrió el río Guarapiche dejó sin agua por más de un mes a la ciudad de Maturín, capital de Monagas. Las autoridades anunciaron que para este viernes sería reactivada la planta de tratamiento y el suministro de agua a Maturín.

El incidente con Briceño ocurre en medio de los crecientes señalamientos de opositores y analistas que aseguran que dentro del PSUV se estaría dando una pelea por el control del partido ante las complicaciones de salud que enfrenta el mandatario.

Chávez, de 57 años, está desde el 24 febrero en La Habana donde se sometió a una operación por una lesión pélvica que fue descubierta en la misma región donde hace ocho meses le extirparon un tumor canceroso.