La ocupación de un templo católico y el posterior pedido de desalojo policial por parte de la Iglesia causó sorpresa y controversia entre disidentes y observadores políticos, a pocos días de la llegada del Papa Benedicto XVI a la isla.

"No salimos de nuestro asombro ante la actitud del cardenal (Jaime Ortega). Pensé que iban a buscar otras alternativas, como un diálogo o una mediación", dijo a la AP el viernes el opositor Elizardo Sánchez. "Afortunadamente no hubo heridos", agregó.

Policías desarmados desalojaron a los 13 ocupantes a pedido del propio cardenal Ortega, según informó una nota de prensa enviada a primera horas del viernes por la iglesia Católica.

Los 13 disidentes se encontraban en la iglesia de la Caridad desde el martes para demandar que el Papa pidiera en su nombre al gobierno cubano libertad para presos políticos, derecho pleno a la propiedad privada, acceso a la información, eliminación de requisitos para viajar y la instalación de un gobierno provisional, entre otros.

"No deja de ser una medida controvertida, aunque en algún momento el templo debía retomar su actividad", comentó a la AP Orlando Luis Pardo, un bloguero opositor.

"Tal vez la iglesia hubiera podido manejar de manera interna la situación... Creo que aprovecharon para sellar una alianza con el gobierno de cara al futuro", indicó.

Buena parte de la disidencia interna tomo distancia de la ocupación. Sin embargo, la decisión de convocar a la policía para el desalojo fue consideraba incómoda.

El comunicado de la iglesia indicó que Ortega pidió la intervención con el compromiso gubernamental de que no se tomarían represalias contra los ocupantes, que los uniformados estuvieran desarmados y evitaran la violencia, objetivos que se lograron, dijo.

"Se pone fin así, a una crisis que no debió nunca producirse. La Iglesia confía que hechos semejantes no se repitan y que la armonía que todos anhelamos pueda realmente alcanzarse", agregó.

El disidente Fred Calderón, que se encontraba entre los ocupantes, dijo el viernes a la AP en una entrevista telefónica que el desalojo fue violento, aunque reconoció que no se produjeron heridos.

"La iglesia está mintiendo", señaló.

Sin embargo vecinos consultados por la AP dijeron que la policía llegó al sitio y en pocos minutos se llevaron en autobús a los disidentes, pero sin que se produjeran escenas de violencia.

Al comienzo de la ocupación la iglesia calificó de "irrespetuosos" e "irresponsables" a los 13 y aseguró que los templos no podían ser usados como "trincheras" políticas.

"Creo que un templo es un lugar de oración, no me parece que deba ser usado con fines políticos ni de un lado, ni del otro", comentó el laico y opositor Dagoberto Valdés, quien sin embargo indicó que la iglesia podría haber "canalizado" el mensaje de esas personas.

Valdés sin embargo prefirió "no comentar" sobre el desalojo hasta tener más elementos.

En tanto el Vaticano apoyó decididamente la decisión de Ortega. "Hemos aprobado la posición del cardenal... No tengo nada más que añadir", dijo Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede.

El reverendo Thomas Moore, investigador principal en el Centro Teológico Woodstock de la Universidad de Georgetown, indicó que aunque siempre es mejor evitar llamar a la policía, la Iglesia no ve con buenos ojos a las personas que tratan de ocupar un lugar sagrado.

"Los manifestantes estaban haciendo dos cosas: ellos utilizaron a la iglesia para una declaración política, pero también trataban de obligar al Papa a hablar con ellos, y creo que eran en realidad dos puntos en su contra", dijo.

Aunque no hubo reacción por parte del gobierno varios blogueros que lo apoyan se mostraron satisfechos de que la Iglesia no hubiera caído en lo que consideraban una provocación.

La agenda del Pontífice, de 84 años de edad, no prevé encuentros con disidentes, miembros de otras religiones o personalidades fuera de la cúpula de gobierno.

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Andrea Rodríguez está en Twitter como @ARodriguezAP