La vida se ensañó con Norma Ramírez, una mexicana que se encuentra en el país ilegalmente a quien se le encontró un cáncer avanzado cuando estaba a punto de ser deportada.

Más que sus padeceres personales, sin embargo, lo que inquietaba a Ramírez era ser deportada sin haber podido completar los trámites para que sus hijos de cinco y seis años, nacidos aquí, sacasen el pasaporte estadounidense y la ciudadanía mexicana.

La movilización de la comunidad, de activistas e incluso del servicio de inmigración, no obstante, han aliviado los sufrimientos de esta mujer, allanándole el camino para que permanezca en el país y complete esos papeleos.

"Sé que no tengo cura, pero ahora estoy más tranquila", dijo Ramírez durante una visita al Hospital WakeMed de Raleigh, donde recibe tratamiento para su enfermedad. "Lo que me preocupaba era mi deportación, porque si yo me voy a México no podría tratarme allá porque no tengo dinero".

También la atormentaba la idea de no poder sacar los documentos de sus hijos y que éstos tuvieran problemas más adelante para conseguirlos.

Ramírez dijo que quiere permanecer en Estados Unidos con sus hijos y, llegado el momento, que los pequeños se vayan a México para que los críe su madre en La Barra, cerca de Acapulco.

A mediados de enero, Ramírez se sentía acorralada. Tenía pendiente un proceso de deportación y le diagnosticaron cáncer terminal. Sus dos hijos estadounidenses corrían el riesgo de quedar desamparados en Carolina del Norte.

Dos meses después, aún cuando la enfermedad sigue su inexorable avance, esta inmigrante de 33 años, que vive desde hace ocho en Estados Unidos, puede respirar más aliviada pues su deportación, prevista para marzo, fue aplazada gracias a varias personas que, sin conocerla, se acercaron para ayudarla gratuitamente.

De acuerdo con un documento de la Corte de Inmigración de Charlotte, firmado por el juez Barry J. Pettinato el 10 de noviembre de 2011, Ramírez se comprometió a abandonar voluntariamente el país a más tardar de 9 de marzo, tras ser arrestada el 4 de agosto pasado en Raleigh porque fue sorprendida manejando con una licencia vencida. Además, tenía una orden de captura por no haber pagado una multa por exceso de velocidad que le dieron a mediados del 2009 en Greensboro, condado de Guilford.

En la cárcel de Wake, en Raleigh, donde estuvo algunos días antes de ser liberada, Ramírez fue procesada por el programa 287 (g), mediante el cual se comprueba el status migratorio de una persona y, si no tiene sus documentos en regla, se inicia el trámite de deportación. Al verse que estaba en el país ilegalmente, fue a parar a una Corte de Inmigración.

Casi al mismo tiempo, en septiembre, Ramírez empezó a sentirse mal. Sufría constantes dolores de estómago e infecciones urinarias, y tras varias visitas a distintos médicos, hacia fines de enero, finalmente supo que padecía un cáncer en la uretra y que se encontraba en etapa de metástasis, según consta en su registro médico.

Se vio entonces en un atolladero. Necesitaba recibir tratamiento médico pero tenía que irse del país, de lo contrario sería capturada y deportada. Además, sus hijos tendrían que quedarse solos pues, sin la firma de su padre, de quien ella se separó hace cinco años, no podían obtener sus pasaportes estadounidenses ni la ciudadanía mexicana.

"Estaba desesperada", recordó Ramírez.

Fue entonces que la mujer pidió ayuda a través del periódico en español Qué Pasa, el cual publicó su historia a mediados de febrero y provocó una cadena de solidaridad en la que participaron abogados, iglesias, el Consulado de México y otras organizaciones, además de decenas de personas anónimas de la comunidad latina que la visitaron y llamaron para ofrecerle apoyo.

La abogada Emily Gibson, del bufete McCoppin y Asociados, fue una de las primeras en interesarse en el caso. Por propia iniciativa, trató de obtener los pasaportes de los niños, incluso pagando por el trámite con su propio dinero, según confirmó Ramírez.

Sin embargo, la solicitud fue rechazada por el Centro Nacional de Pasaportes del Departamento de Estado federal debido a que la ley requiere la firma de los dos padres cuando se solicitan los pasaportes de menores de 16 años.

Paralelamente, el Consulado General de México en Carolina del Norte, a través de su Programa de Asistencia Legal (PALE), encargó a la abogada especializada en inmigración Jorgelina Araneda, del estudio Araneda & Stroud Immigration Law Group, que intentara frenar la deportación de Ramírez, lo cual finalmente se consiguió mediante una solicitud ante las autoridades de Inmigración.

"Me da mucha felicidad que Inmigración la esté apoyando", dijo Araneda. "Ellos entienden lo que pasó y no iban a hacer nada en contra ella, entienden lo delicado de la situación".

La abogada explicó que en estos casos, cuando hay un buen motivo como una grave enfermedad, se puede solicitar una extensión del plazo de salida del país hasta por un año, que es el tiempo otorgado a la mexicana.

"Ellos (los funcionarios de Inmigración) tienen la discreción de negar o aprobar la solicitud, pero decidieron que ella merecía este beneficio", dijo la especialista.

No fue posible hablar con funcionarios de inmigració para este reportaje.

El Consulado mexicano, por otro lado, logró ubicar en México al padre de los niños, Diógenes Rodríguez, quien se mostró dispuesto a enviar a Raleigh los papeles necesarios para que los pequeños tuviesen sus documentos en regla. El consulado dijo esta semana que ya recibió los papeles necesarios para proceder con los trámites.

"El padre está en la mejor disposición para que se hagan todos los trámites y que los hijos tengan sus pasaportes americanos (estadounidenses) y la doble nacionalidad", dijo el cónsul Carlos Flores Vizcarra, quien indicó que su despacho asumiría todos los costos.

El cónsul detalló que se logró contactar a Rodríguez en el puerto de Acapulco, gracias a las referencias que dio la familia de Ramírez, que vive en el pueblo La Barra de Tecoanapa, en la misma jurisdicción del estado de Guerrero.

El Consulado también ha ofrecido a Ramírez trasladarla con sus hijos a México sin costo alguno, y hacer los arreglos necesarios para que ella pueda ser atendida en algún hospital cercano a su localidad, pero por el momento ella ha optado por quedarse en Raleigh.

La mujer también ha recibido donaciones y muestras de afecto por parte de la comunidad. Contó que mientras estuvo hospitalizada para recibir quimioterapia, tuvo muchas visitas y llamadas telefónicas. "Mucha gente me ha hablado y ha venido a verme, estoy muy agradecida", comentó.

En una de estas manifestaciones de solidaridad, el domingo pasado Ramírez recibió de parte de una liga de fútbol amateur de Raleigh 865 dólares en efectivo, dinero que se reunió ese día mediante una rifa y un torneo en el que participaron seis equipos femeninos.

"Fue un noble gesto, todos lo hicieron con mucho gusto y les agradecemos a todas las jugadoras, a los equipos y a la gente que llegó al campo para ayudar", dijo Gerardo Villa, presidente de la liga "Hispanic Soccer League". "Para mí es algo muy bueno poder ayudar a alguien que en verdad lo necesita".

Ramírez fue hospitalizada nuevamente el 6 de marzo y su salud se deteriora cada día, pero ella ahora está más aliviada, ha recuperado el ánimo para luchar por su vida y espera otro milagro.

"A pesar de todo, no pierdo la esperanza de poder recuperarme", expresó.