El aspirante a la postulación presidencial por el Partido Republicano Mitt Romney no ha logrado en repetidos intentos congraciarse con el ala más conservadora del partido, y encara ahora una encarnizada y larga lucha política con Rick Santorum, lo que debilitaría al candidato que desafíe al presidente Barack Obama en los comicios de noviembre.

Hace meses, cuando los aspirantes republicanos iniciaron su campaña por la postulación, Obama era considerado un mandatario vulnerable, acosado por una pobre economía que intentaba recuperarse de la mayor recesión sufrida por Estados Unidos desde la década de 1930.

Pero desde mediados del año pasado, cuando un aspirante tras otro obtuvo fugazmente el respaldo de la base conservadora del partido, la economía comenzó a repuntar. Ello a su vez fortaleció la posición de Obama y apartó a los republicanos de su mensaje económico para adentrarse en temas sociales muy polémicos.

Ese giro en el camino complació a los republicanos partidarios del mensaje conservador de Santorum y volvió a revivir su desconfianza en Romney sobre su pasada actuación en temas sociales como el aborto y los derechos de los homosexuales. Empero, el mayor obstáculo de Romney fue haber sido gobernador de Massachusetts cuando el estado adoptó un programa de seguro médico muy parecido al de Obama, quien lo utilizó como modelo para someterlo al Congreso y lograr su aprobación en su primer año en la Casa Blanca.

Para congraciarse con los republicanos que odian la legislación de los cuidados médicos, Romney sostienen que intentará derogar el plan de Obama, al igual que han prometido Santorum y el tercer candidato Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, que aunque rezagado, ha prometido continuar en la liza, lo que impide al ex senador de Pensilvania llegar a un mano a mano lo antes posible con Romney.

Aunque la carrera por la postulación es ahora más caótica que nunca, Romney sigue conservando una enorme ventaja en número de delegados de cara a la Convención Nacional Republicana que tendrá lugar en agosto en Tampa, en el estado de la Florida.

No obstante, corre el riesgo de no acumular los 1.144 delegados que necesita para hacerse de la candidatura antes de la Convención. Y ello llevaría a una batalla política en Tampa, la cual podría debilitar al candidato que se alce triunfador.

Después de que Romney quedó tercero el martes en las pimarias de Alabama y Misisipí, se vio obligado a ponerse a la defensiva. Los grandes triunfos de Santorum en los estados del sur no sólo dañaron a Romney, sino que desmadejaron los planes de Gingrich para revivir su campaña.