Mineros ilegales que desencadenaron violentos disturbios en una ciudad selvática del sudeste peruano suspendieron el jueves sus protestas para velar a tres hombres muertos en los enfrentamientos con la policía.

"Vamos a enterrar a nuestros hermanos", dijo en declaraciones telefónicas a The Associated Press Luis Otzuka, presidente de la Federación Minera de Madre de Dios. "Los tres eran mineros y están con balas de guerra en el cuerpo", agregó. Uno de los fallecidos era un indígena.

La ciudad de Puerto Maldonado, capital de Madre de Dios, fronteriza a Brasil, se encontraba el jueves en calma después de la violencia desatada el miércoles por más de 12.000 mineros ilegales que se oponen a normas que establecen la formalización de la pequeña minería y minería artesanal y la prohibición de toda actividad minera en áreas ecológicas vulnerables.

Los mineros intentaron tomar sin éxito el aeropuerto, dos mercados y la terminal de autobuses, apedrearon locales públicos y bloquearon puentes. Los choques de los manifestantes con la policía dejaron tres muertos, 38 heridos y 62 detenidos.

"La policía tenía que defender a la población, que lo pedía a gritos... y se produjo esta muerte lamentable", dijo el jueves el ministro del Interior Daniel Lozada en su presentación ante el pleno del Congreso para explicar los hechos de la víspera. No precisó si las balas que mataron a los mineros provinieron de la policía.

El ministro de Defensa Luis Alberto Otárola anunció el jueves el envío a Puerto Maldonado de un refuerzo de 1.000 policías para garantizar el orden público en la ciudad, donde hay 1.250 agentes.

El presidente del Consejo de Ministros Oscar Valdés reiteró la firme decisión del gobierno del presidente Ollanta Humala de no tolerar la actividad minera ilegal que, dijo, contamina gravemente los ríos, deforesta la amazonia y genera trata de personas, esclavitud de niños, prostitución y narcotráfico.

"Nosotros no vamos a retroceder, nosotros ya hemos demostrado que vamos a actuar con mucha firmeza y lo venimos haciendo", dijo Valdés en entrevista el jueves con la emisora Radioprogramas.

Madre de Dios es una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta y según las autoridades la minería ilegal ha provocado la destrucción de 18.000 hectáreas de bosques amazónicos.

Los mineros ilegales de Madre de Dios, que se dedican a extraer oro de los ríos usando métodos artesanales que causan mucha contaminación, rechazan la intención del gobierno de formalizar el sector porque implica la prohibición de la minería en áreas ecológicas sensibles y la prohibición de los equipos que habitualmente usan como dragas hidráulicas, motobombas y retroexcavadoras.

Los decretos legislativos que regulan la pequeña minería establecen penas de cárcel de hasta 10 años para quienes infrinjan las nuevas disposiciones.

"Nosotros queremos formalizarnos pero estas normas no nos permiten formalizarnos", afirmó Otzuka. "¿Cómo quieren que nos formalicemos si no podemos hacer minería en aguazales, ríos, espejos de agua?... Si el oro está ahí y después dicen que no podemos trabajar con las herramientas que usamos", se quejó.

El Ejecutivo convocó días atrás a los dirigentes a entablar un diálogo, pero la Federación Minera de Madre de Dios abandonó la mesa de negociaciones porque el gobierno no aceptó la participación de sus asesores, dijo Otzuka.

El dirigente anunció que tras velar y enterrar a sus muertos, "el lunes vamos a ir a que nos reciban".

"Nosotros queremos dialogar", aseguró.

La minería ilegal en Madre de Dios tiene décadas y ha crecido significativamente en los últimos años.

La primera dama Nadine Heredia dijo el jueves a periodistas que por años hubo una inacción de los gobiernos frente a la problemática de la minería ilegal en esa región pero que "ahora se ha tomado el toro por las astas y no se va a dar un paso atrás".