Dice que fue como "salir del clóset". Luego de negarse por dos décadas a hablar de las torturas que sufrió durante los cuatro años que estuvo preso bajo la dictadur militar argentina de 1976-84, Fernando Reati finalmente reunió las fuerzas para confrontar su pasado y el resultado fue revelador.

Sintió que se sacaba un gran peso de encima y que, de hecho, era una buena terapia.

"Mientras más lo hablo, mientras más lo comparto con gente, es como si lo sacara de adentro", dijo Reati, hoy catedrático en una universidad estadounidense y militante de la causa de los derechos humanos. "Al contar tu historia comienzas a verla de forma objetiva, a cambiar de perspectiva. Cuando alguien ha sido sometido a un trauma empieza a sentir como si la culpa fuera de uno. Cuando lo comienzas a hablar te vas quitando la culpa y la pones en el victimario, no en ti mismo".

Reati, jefe del Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas de la Universidad Georgia State, en Atlanta, Georgia, afirma que la catarsis fue tal que a partir de ese momento se dedicó a estudiar el tema de los derechos humanos y la violencia política en su país y a tratar de ayudar a otros a superar sus traumas.

"Durante 20 años estuve, digamos, ocultando o ignorando un tema bajo un poco de secreto y eventualmente ese tema aflora", manifestó. "Y lo mismo ocurre en la sociedad. Argentina pasó por un proceso similar en los últimos 30 años. Ahora hay temas que se tocan que antes no se podían tocar".

"Me fui metiendo cada vez más en el tema de derechos humanos y mi trabajo académico se ha transformado totalmente", expresó Reati en una entrevista con la Associated Press.

Reati, de 57 años, declaró en el jucio de los jerarcas del gobierno militar, escribe sobre derechos humanos y dirige un programa académico en el que lleva a alumnos a Argentina para estudiar el tema y la transición a la democracia.

"Por muchos años tuve esto sepultado. Lo veía como algo que no podía o no quería compartir abiertamente", manifestó. "Un poco como la idea de 'salir del closet'. Me llevó 20 años 'salir del closet'''.

A pesar de que había dejado de militar en el grupo Juventud Universitaria Peronista --simpatizante desde afuera con la organización guerrillera Montoneros--, Reati fue apresado en septiembre de 1976, unos meses después de que una junta militar asumiera el poder en Argentina, presidida por Jorge Rafael Videla. El nuevo gobierno suspendió la actividad política, disolvió el Congreso, censuró a los medios de comunicación y persiguió a militantes, simpatizantes y activistas de grupos guerrilleros y movimientos de protesta, entre otras medidas.

Se desató lo que se conoce como una "guerra sucia" en la que miles de personas fueron secuestradas, torturadas o ejecutadas a manos del gobierno militar. Organismos de derechos humanos dicen que hubo unos 30.000 desaparecidos.

Durante sus primeros días en cautiverio Reati fue torturado en un centro de detención clandestino. Posteriormente lo "blanquearon", es decir legalizaron su detención y fue reconocido como preso, aunque sin condena, juicio o acusación, como le sucedió a miles más de sus compatriotas. Después de cuatro años y cuatro meses en prisión fue liberado, sin tener aún claras las razones de su arresto. "Un día venían y te decían que te podías ir. Uno no sabía nada. Claro, había tribunales secretos en los que se tomaban esas decisiones", explicó.

"Estuve un año en Argentina cuando salí en libertad, porque tenía que quedarme allá. Estaba en una especie de libertad vigilada, no podía salir de la ciudad durante seis meses. Esperé otro medio año y vi que no tenía oportunidades en Argentina de trabajar, incluso hasta tuve dificultades para volver a la universidad. Decidí entonces venir a Estados Unidos por un año", relató Reati.

Su primera parada en este país fue San Luis, Misurí, en donde concluyó sus estudios universitarios. Desde entonces empezó a estudiar el tema de los derechos humanos. "Mi tesis doctoral fue sobre literatura argentina y violencia política y luego eso se convirtió en mi primer libro", contó Reati, asegurando que siempre trató de adoptar una postura objetiva sobre el tema.

El primer año pasó y Reati no regresó a Argentina. No era su intención quedarse en Estados Unidos, pero, como él mismo cuenta, "una cosa llevó a la otra" y no volvió.

Después de vivir un tiempo en Misurí se mudó a Alabama y finalmente a Georgia, en donde reside con su esposa.

Pero no fue sino hasta el 2003, cuando el gobierno del presidente argentino Néstor Kirchner decidió reabrir los juicios en contra de quienes habían sido acusados de violar los derechos humanos de miles de argentinos durante la época de la dictadura, que Reati se decidió a sacar a la luz su experiencia como detenido.

Se combinaron varios factores que lo impulsaron a meterse cada vez más de lleno en el tema. "Todas las cosas se fueron armando como un rompecabezas. Como dice la gente, nada es casualidad", señaló el académico.

Inicialmente lo llamaron para que sirviera de testigo en el juicio contra Videla y contra uno de sus torturadores. El proceso se demoró y finalmente declaró en septiembre de 2010. Por la misma época en que la corte lo contactó, lo nombraron jefe del Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas de Georgia State y conoció a William M. Downs, un colega muy interesado también en el tema de los derechos humanos. Juntos decidieron fundar el Centro de Derechos Humanos y Democracia de la universidad, el cual aún codirige.

"Su experiencia personal le trae al centro credibilidad instantánea", expresó Downs. "Cuando un estudiante escucha su testimonio aprende de un hecho real, no solo desde un punto de vista académico abstracto", agregó el docente, quien se desempeña como decano asociado de Ciencias Sociales y del Comportamiento en Georgia State.

La visita a Georgia de Mario Villani, un argentino que estuvo secuestrado en varios campos de concentración durante la dictadura, resultó otro momento clave para Reati, pues lo convenció de que debía explorar el tema de derechos humanos de forma más abierta y le ayudó a seguir en el proceso de hacer público su testimonio.

Reati terminó escribiendo un libro sobre los años en que Villani estuvo desaparecido, "Desaparecido, memorias de un cautiverio", publicado el año pasado.

"El libro no es un listado de situaciones horrorosas. Cuenta lo que pasó, pero es más una reflexión sobre el significado de lo que vivió Mario", explicó Reati, quien durante dos años entrevistó a Villani en la ciudad de Miami. En el libro, escrito en primera persona, Villani cuenta cómo logró soportar su cautiverio entendiendo que sus victimarios eran seres humanos como él y reflexiona sobre lo que significó colaborarle a secuestradores haciendo reparaciones eléctricas y su lucha por sobrevivir un día más sin perder la esperanza.

Como parte del proceso de confrontar el pasado Reati empezó a asistir a sesiones de terapia con un psicólogo especialista en traumas de este tipo, quien le ayudó a curar una serie de enfermedades sicosomáticas y a poner su experiencia en perspectiva.

Hace cuatro años Reati creó un programa intensivo en el que alumnos de diferentes carreras de Georgia State viajan a Argentina para estudiar la historia de la violación de derechos humanos y la transición a la democracia de este país. Durante la visita los estudiantes tienen oportunidad de conocer a expertos en el tema y visitar centros de detención o campos de concentración que hoy son museos.

"Una de las preguntas que siempre hacen los estudiantes es cómo no me afecta cuando los llevo al lugar donde yo estuve secuestrado. Les cuento que la primera vez me afectó más", les responde, acotando que ahora cuanto más habla del tema, mejor se siente.

Para Gabriel Kuperminc, el otro artífice del programa de estudio en Argentina, el aporte de Reati es básico para el curso.

"En algún punto de los primeros días del viaje los estudiantes se dan cuenta de que lo que están escuchando, lo que están leyendo, los sitios que están visitando, están ligados a la historia personal del Dr. Reati", indicó Kuperminc, cuyos padres son argentinos. "Eso le da a las cosas en una perspectiva muy única e invaluable para los estudiantes".

Reati, por su parte encuentra el programa útil tanto para él como para sus alumnos. "Siempre hay estudiantes que entran en contacto con sus propias historias después de ver todo lo que les mostramos. Es como una catarsis colectiva", afirmó. Además, con este programa Reati logra que no se olvide lo que sucedió en su país durante la dictadura y, como les dice a sus alumnos, para que "la historia no se vuelva a repetir".