Un alto funcionario de seguridad de Río de Janeiro dijo que el legado de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 será la paz y los servicios mejorados que una mayor seguridad le han brindado a los barrios pobres de la ciudad.

Jose Mariano Beltrame, secretario de Seguridad Pública en Río, dijo ante una conferencia deportiva y de seguridad en Qatar que el programa de tres años de Río ha roto las barreras de las favelas, que durante décadas fueron esencialmente excluidas de las partes prósperas de la ciudad de 6 millones de habitantes.

"Estamos cambiando la ciudad, recuperando las áreas y también instalando policías en esas zonas", dijo Beltrame. "lo más importante no es sólo la presencia policial. La policía está haciendo su primera intervención aquí. La policía está generando la posibilidad de incluir a estas personas a una vida normal".

En 2009, funcionarios de la ciudad lanzaron un programa de "pacificación", en el que las fuerzas de seguridad despejaría las favelas de las pandillas fuertemente armadas y establecería presencia policíaca. El programa en alrededor de 15% de los barrios pobres que sirve a 280.000 personas al momento está enfocado a reducir la violencia en Río antes de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos olímpicos de 2016, y mejorar la vida de los residentes de las favelas al ofrecer servicios básicos.

Beltrame dijo que el proyecto ya está mostrando "cuantitativos resultados", incluyendo una caída de la tasa de delincuencia en la ciudad. Agregó que el financiamiento del programa se extiende al 2014 y está confiado en que la ganancia podría resultar en un "legado permanente".

"Si no tenemos esto, tendremos menos seguridad pública", dijo Beltrame. "El legado que estamos creando debe empezar ahora".

Bandas de narcotraficantes empezaron a tomar las favelas en la década de 1980, cuando el comercio de cocaína subió. Las lucrativas ventas de narcóticos derivó en la introducción de armamento de nivel militar. Eso exacerbó los cruentos enfrentamientos cada vez que una pandilla quería apropiarse del territorio de otra, o cuando la policía ingresaba a las favelas con sus propias armas.

Durante años, el gobierno del estado de Río ignoró la violencia en las favelas o bien respondió con fuerza inaceptable cuando las muertes llegaban a los barrios acaudalados de la ciudad. La pacificación ha sido ampliamente apoyada, pero ha generado suspicacias sobre por qué tardaron tanto las autoridades en actuar. Asimismo, se ha cuestionado si el programa es realmente capaz de reducir el comercio de droga.