Daniela Peláez respira tranquila: al menos por dos años no será deportada a Colombia. Pero su anhelo de legalizar su estatus migratorio en Estados Unidos, donde ha vivido la mayor parte de su vida, aún se vislumbra distante.

La joven de 18 años sabe que la decisión de las autoridades sólo es un parche, no una solución definitiva para su sueño de convertirse en médica en una universidad estadounidense.

También es consciente de que la atención que ganó su caso no ha allanado el camino para que cerca de dos millones de estudiantes que se encuentran sin documentos en el país puedan conseguir la ciudadanía si terminan sus estudios universitarios o lograr una suspensión de sus deportaciones.

"Tengo fe y esperanzas ... Siempre tienes miedo de que las cosas vayan a salir mal y te vayan a deportar, pero estos dos años te dan tranquilidad", expresó Daniela en inglés en entrevista con The Associated Press en el estudio jurídico de su abogada Nera Shefer.

En un español mucho menos fluido que su inglés, explicó que será la voz de otros estudiantes como ella.

Su objetivo: "que todo el mundo vea que también somos buenos estudiantes los indocumentados" y "demostrarle a los congresistas y a los políticos quiénes somos", dijo refiriéndose a los jóvenes que sueñan con una ley que les abra camino a la ciudadanía a través de estudios universitarios, proyecto conocido como "dream act".

La iniciativa recibió la aprobación de la cámara baja en diciembre de 2010, pero no obtuvo los votos necesarios en el Senado.

Daniela casi ni recuerda cuando llegó a Estados Unidos con 4 años. Está orgullosa de vivir en Miami, de conocer las leyes de Estados Unidos. Se siente igual que sus amigas estadounidenses y por eso aspira a gozar de los mismos derechos que los chicos que nacieron aquí.

De su Colombia natal casi no rememora nada: "Solo algunas tradiciones, los carnavales, las comidas... y ya".

La familia Peláez llegó desde Barranquilla a Miami en 1999. El matrimonio y sus tres hijos vinieron con visa de turista, pero decidieron quedarse más tiempo del que le habían autorizado a su ingreso.

En Estados Unidos, los Peláez se divorciaron; y la madre de Daniela se casó nuevamente con un cubano-estadounidense en 2003, lo que le abrió el camino para obtener la ciudadanía de ella y sus dos hijas.

Los trámites, sin embargo, se demoraron años y la mujer decidió viajar a Colombia en 2006 para tratarse por un cáncer de colon, sin advertir que no podría regresar a Estados Unidos porque su situación legal aún no estaba regularizada. Así es que hasta el día de hoy no ha vuelto.

Al enterarse de que la mujer ya no estaba en el país, las autoridades de inmigración cerraron el caso en el 2009, dejando a las chicas en un "limbo migratorio", de acuerdo con la abogada Shefer.

El hermano de Daniela se casó con una ciudadana estadounidense y regularizó su situación migratoria. El padre consiguió en 2010 la residencia permanente a través de una petición de su hijo Johan.

Pero Daniela y su hermana mayor Dayana quedaron afuera de la petición porque pensaron que el proceso podría demorar más de 10 años.

El caso salió a la luz después que un juez de inmigración desechó el pedido de residencia y ordenó a las hermanas que salieran voluntariamente del país antes del 28 de marzo.

Daniela compartió la noticia con algunos de sus amigos, que rápidamente se organizaron y realizaron una masiva marcha para exigir la suspensión de la deportación en la escuela North Miami Senior High, a la que asiste Daniela. Participaron también maestros y autoridades locales.

Varios legisladores de la Florida también enviaron cartas a las autoridades de inmigración, que accedieron a la solicitud y les permitieron a Daniela y Dayana, de 26 años, permanecer en el país por dos años más, mientras su caso termina de ventilarse en los tribunales.

Su abogada dijo que planea apelar la decisión del juez en los próximos días.

La suspensión de la deportación "no las saca del limbo migratorio si no se resuelve el caso en dos años en las cortes de migración", expresó a la AP Shefer.

Explicó que para salir de ese "limbo" necesitarían ganar la apelación en la corte de inmigración, o que el congreso apruebe una reforma integral de inmigración, el "dream act" u otro proyecto de ley que beneficiaría a estudiantes sin documentos de 18 años o menos.

El beneficio más inmediato que ha recibido Daniela es poder graduarse del colegio secundario a principios de junio, y trabajar dos años, al igual que su hermana, indicó la abogada.

Su colega de inmigración Alfonso Oviedo manifestó que la acción diferida de la deportación por dos años "es una decisión completamente discrecional del poder ejecutivo", y además "no resuelve para nada el problema".

Agregó que para solucionar la problemática sería necesaria una ley que reforme el sistema de inmigración.

Antes de ser elegido presidente, Barack Obama dijo que implementaría una reforma migratoria, pero hasta ahora no concretó su promesa en su gestión gubernamental.

Después que su caso salió a la luz, Daniela viajó a Washington para entrevistarse con numerosos legisladores, entre ellos los representantes republicanos Ileana Ros Lehtinen y David Rivera; el senador republicano Marco Rubio; el líder de la mayoría del senado, Harry Reid; y el senador demócrata Bill Nelson.

Rivera anunció tras reunirse con Daniela que presentará un proyecto de ley conocido como STARS, que permitiría regularizar la situación migratoria de menores de 18 años y medio, que hayan llegado al país antes de los 16 años y que hayan permanecido en Estados Unidos por lo menos cinco años consecutivos, si se gradúan tras estudiar al menos cuatro años en una universidad.

Daniela quiere convertir en realidad su sueño de estudiar cardiología y ha prometido convertirse en portavoz de los "dreamers".

Y mientras levanta su voz, espera que las universidades de Brown o Yale la acepten y le ofrezcan becas para estudiar biología y luego medicina.

Como no puede presentarse como estudiante estadounidense, lo hizo como estudiante extranjera, de Colombia.

Si no lo consigue, se sentirá frustrada.

"Sería muy triste porque todos los años de high school que he trabajado han sido para ir a la universidad", dijo la mejor entre 3.500 estudiantes de su escuela.

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Gisela Salomón está en Twitter como @giselasalomon