Mujeres luciendo máscaras para protegerse del olor de la muerte se lanzaron sobre las tumbas de sus hijos cuando más de 100 de las víctimas de la explosión de un depósito de armas de la semana pasada fueron sepultadas el domingo en un funeral masivo.

El gobierno de la República del Congo se apresuró a organizar el funeral del domingo, una semana exactamente después que un incendio en el depósito de municiones en un cuartel del ejército hiciese estallar granadas, piezas de artillería y cohetes.

Hubo que contratar a carpinteros adicionales para construir los féretros. La morgue municipal permaneció abierta toda la noche para que las familias pudiesen finalizar el lavado ritual de los cuerpos.

Al menos 246 personas murieron, pero solamente 159 cadáveres pudieron ser identificados a tiempo para el funeral del domingo. La escena en el depósito de cadáveres en las horas previas al entierro y en el cementerio una vez que fueron bajados los ataúdes fue de caos y dolor.

El último cadáver identificado el domingo por la mañana fue el del hermano de 17 años de Jean Mbarushimana. El adolescente murió al ser alcanzado por un proyectil de artillería, y la familia llevó el cadáver a la morgue. Pero la morgue desvistió el cadáver y el sábado, cuando los familiares regresaron para el lavado ritual, ya no pudieron reconocerlo, pues la descomposición le había desfigurado el rostro.

"Yo revisé cadáver por cadáver. No dormí en toda la noche. El era el último al fondo de la morgue", dijo Mbarushimana.

Para media mañana el domingo, 145 féretros habían sido amontonados en la parte trasera de camiones. Otros 14 estaban en las afuera de la morgue, a pedidos de familiares cuyos ritos fúnebres son diferentes, incluyendo los de víctimas musulmanas.