Caminando cuesta arriba, en una calle de adoquines, me impresiona la perfecta mezcla de sol y aire frío en esta altitud. Los gritos de un vendedor callejero rebotan en un cañón de fachadas coloridas, y se me ocurre que esta ciudad mística, de aire medieval, es mi ciudad favorita en el mundo.

Aunque no me gusta tener que escoger entre las muchas bellezas coloniales de México, Guanajuato sigue siendo única, no importa cuántas otras haya visto. Quizás porque me pasé dos meses allí hace 15 años, en mi primera estancia larga en México, y cada esquina me trae recuerdos. O quizás porque sigo aún enamorada de la energía y el encanto de la ciudad, como si la viese por primera vez.

Guanajuato, fundada a mediados del siglo XVI para la minería de plata, es el lugar de nacimiento de muchas cosas mexicanas, desde la guerra de independencia hasta el pintor Diego Rivera. Su museo de las momias, lleno de cuerpos naturalmente preservados, exhibe sin reparos la estrecha relación de los mexicanos con la muerte.

La ciudad es la capital del estado del ex presidente Vicente Fox, cuya histórica elección en el 2000 puso fin a 71 años de dominio de un solo partido. Es además uno de los estados más conservadoramente católicos, donde estalló en los años 20 una sublevación contra leyes antirrelgiosas.

Una visita del papa Benedicto XVI a la ciudad a partir del 23 de marzo concentrará la atención en Guanajuato. Pero incluso antes de absorber su rica historia, los paisajes de una ciudad construida en un cañón a 2.000 metros de altitud te dejan anonadado.

Un tranvía te lleva en minutos del centro de la ciudad hasta el principal mirador, donde las cúpulas coloniales españolas, los capiteles góticos y casas azules, naranja, lavanda y fucsia parecen como si hubiesen sido pintadas en las laderas por el propio rivera.

Bajo el suelo, túneles similares a catacumbas parecen salidos de la Edad Media, aunque fueron construidos a finales del siglo XIX como control de inundaciones. Hoy, lidian con el tráfico de la ciudad, porque muchas calles son empinados callejones y en algunos casos escaleras, y no tienen espacio para autos. Los arcos de piedra de los túneles se ven particularmente misteriosos de noche y hay aceras para explorarlos, si soportas los gases de los coches.

La vida en las calles arriba es igualmente cautivante. Los residentes llenan el centro de la ciudad los jueves por la noche sin razón especial, poblando los cafés al aire libre en el Jardín Unión, una plaza triangular, o la escalinata neoclásica del Teatro Juárez.

Jóvenes actores vestidos como juglares medievales merodean la plaza reclutando turistas para sus "callejoneadas", representaciones callejeras que encabezan por los callejones, cantando y narrando sobre traiciones y amores no correspondidos.

Las historias de Guanajuato están llenas de drama y leyenda. El Callejón del Beso, donde dos balcones opuestos se tocan sobre una calle estrecha, fue supuestamente escenario de un Romeo y una Julieta cuyas familias les prohibieron verse. La leyenda dice que la muchacha fue acuchillada por su padre cuando vio a la pareja besarse a través de los balcones, dejándola agonizante en brazos de su amante.

En la Alhóndiga de Granaditas, una enorme estructura de piedra construida como granero, fuerzas españolas se parapetaron y dispararon contra tropas insurgentes encabezadas por el sacerdote Miguel Hidalgo el 28 de junio de 1810, la primera batalla por la independencia mexicana. La leyenda dice que un minero apodado El Pipila usó una placa de piedra para protegerse de las balas y prendió fuego a la masiva puerta de madera, lo que llevó a la victoria de los rebeldes. Muchos historiadores dicen que un solo hombre no pudo hacer eso, pero un enorme monumento del Pipila alzando una antorcha puede ser visto desde casi todo el pueblo.

Hidalgo y otros tres líderes de la independencia fueron capturados y ejecutados, y sus cabezas colgadas de ganchos gigantes. Los ganchos aún están en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.

Dolores Hidalgo, el pueblo donde Hidalgo lanzó el grito de independencia, está al otro lado de la colina. La mina Valenciana, que data de la fundación de la ciudad y que una vez produjo el 30% de la plata del mundo, está también a poca distancia.

La casa en la que nació el pintor Diego Rivera el 8 de diciembre de 1886 tiene ahora una de sus más diversas colecciones, desde paisajes mexicanos hasta cuadros impresionistas de la Catedral de Nuestra Señora de París y retratos de la etapa cubista de Rivera. La familia de Rivera se mudó a la Ciudad de México cuando éste tenía seis años.

Cuesta arriba, en el cementerio público de la ciudad, familias con niños pequeños forman cola para ver las famosas momias, decenas de momias. Los cuerpos fueron preservados naturalmente, algunos dicen por el clima rico en minerales y las criptas, pero nadie sabe con certeza. Fueron excavados a partir de la década de 1860 porque sus familias no podían pagar más por el entierro, y colocados en exhibición.

Muchos de los rostros están congelados en expresiones espantosas. Una mujer tiene los brazos sobre el rostro, un indicio, dicen curadores, de que posiblemente fue enterrada viva por accidente.

Afuera de la ciudad, la estatua de 18 metros de Cristo Rey domina una colina, marcando las guerras de los cristeros entre extremistas religiosos y un gobierno ateo que prohibió incluso lucir collares de clérigo en público. Una estatua previa de Cristo Rey fue dinamitada por tropas federales en 1928 y pedazos del monumento, incluyendo la cabeza, son exhibidos en un museo cercano. El papa Benedicto XVI, demasiado débil para subir la colina hacia el monumento, podría sobrevolarlo en helicóptero.

Guanajuato no es tan elegante y modernizada como San Miguel de Allende, una ciudad cercana que es popular entre turistas y expatriados estadounidenses, pero ha cambiado considerablemente en 15 años, aunque aún se pueden ver burros atados en las afueras de casas pobres o cargados con productos por el centro de la ciudad.

Buenas habitaciones en un hotel colonial en el centro cuestan menos de 100 dólares por noche. Los buenos restaurantes escasean.

Para una experiencia auténtica, uno se puede quedar con una de las familias que alquilan habitaciones a estudiantes de la universidad o de las escuelas de idiomas en las que extranjeros aprenden español.

La mejor comida de Guanajuato, incluyendo las tradicionales enchiladas mineras, es preparada en las cocinas hogareñas y puede ser probada en puestos callejeros o en el Mercado Hidalgo.

La ciudad de Guanajuato es tranquila y segura, aunque ha habido incidentes de violencia relacionados con el tráfico de drogas en otras partes del estado. Aún así, ha perdido turismo por el temor que tienen los viajeros, especialmente estadounidenses, por la situación en México.