El asombro fue tangible en la lograda colección pret-a-porter que Sarah Burton creó para Alexander McQueen, llena de colores y explosiones de plumas que se inflaban en tres dimensiones sorprendiendo a los espectadores.

La inspiración de la linea otoño-invierno que presentó la diseñadora el martes venía supuestamente de la "ondeante parte inferior de los hongos", pero al igual que la colección de primavera de la casa de modas, se parecía más a un arrecife de coral.

La sensación de abundancia en las fibras se impulsaba con el movimiento de las modelos caminando y creaba una escena de anémonas y medusas en colores marinos como el azul pálido, blanco sucio y carmesí. La faldilla de un vestido rosa claro, con un cinturón metálico de pinza, recordaba las capas de una medusa o los tentáculos de un pulpo. En diferentes momentos el público, entre quienes se encontraba Salma Hayek y su esposo Francois-Henri Pinault, suspiró inevitablemente.

"Fue muy estimulante", dijo Hal Rubenstein, director de moda de la revista InStyle. "Con un talento como el de Sarah simplemente te sientas y te deleitas por el sentido de fantasía. Nadie más tiene eso".

En el desfile hubo pesuñas de caballo (plataformas sin tacón adornadas con plumas) y visores que recordaban las anteojeras de los equinos que le agregaban un poco de peligro al repertorio visual.

Un voluminoso saco negro de lana de Mongolia con forma de trapecio daba la sensación pesada, casi muscular de un caballo galopando, con un realce trasero que se movía de un lado a otro.

Por sus siluetas que cambiaban de forma desde cada ángulo y por sus ideas atrevidas, este ha sido por mucho el mejor ejemplo de la temporada entre los diseñadores de mayor peso. También fue un desfile que preservó el espíritu de McQueen, quien se suicidó hace dos años.