Los autos pequeños ostentaban líneas más refinadas y deportivas en el Salón del Auto de Ginebra, como resultado de los apuros económicos de los fabricantes de vehículos de todo el mundo, que tratan de convencer a los consumidores de que se olviden del pesimismo económico del continente.

Ford presentó el B-Max, un subcompacto familiar, mientras Mercedes buscaba atraer a compradores más jóvenes — o sea, menores de 50 años — para el nuevo Clase A. Audi develó la tercera generación de su serie A3, que hace 15 años fue el primer compacto en el mercado de autos más lujosos.

Fiat lanzó su 500L, una versión alongada del 500 que se fabrica en Serbia, mientras que Toyota le puso garras a la versión híbrida de su exitoso Yaris para darle una apariencia más agresiva. Peugeot ha definido un nuevo estándar automotor al hacer el nuevo 208 más pequeño que su predecesor.

Los nuevos modelos distan mucho de los días cuando los autos pequeños eran espartanos ahorradores de dinero. Aunque siguen siendo de bajo consumo de combustible y baja emisión de contaminantes, pero estos modelos integran el equipamiento de seguridad más avanzado y toques de lujo que embellecen los segmentos de compactos y subcompactos, los cuales representan cerca del 80% del mercado europeo.

"¿Recuerdan cuando los autos pequeños solían ser baratos pero risueños? Ahora los consumidores quieren la mejor calidad, el mayor rendimiento de combustible, seguridad y diseño", dijo Alan Mulally, director general de Ford.

El problema para los fabricantes europeos es que la demanda de los consumidores ha disminuido por la presión de la crisis de deuda soberana. Se prevé que las ventas de este año caigan 5% a 12,9 millones de unidades, de acuerdo con el Centro para Investigación Automotriz.