En un lugar apartado en Bali al que se llega después de pasar una higuera y en las cercanías de un templo hindú antiguo, poco a poco toma forma la estructura comercial construida con bambú más grande del mundo: una fábrica de chocolate.

El edificio tiene tres niveles y 2.137 metros (23.000 pies cuadrados); fue levantado con más de 3.000 tallos largos y flexibles de bambú, y está cubierto con un techo elegante inclinado a casi 15 metros (50 pies) de altura.

Frederick Schilling, copropietario de la fábrica Big Tree Farms, describe el inmueble como su "catedral de bambú".

La planta tropical, preciada en Occidente para pisos, muebles y accesorios del hogar, recibe un respaldo cada vez mayor de los ambientalistas, desde Sudamérica hasta Africa, como material de construcción.

Bali, líder del ramo, ha atraído a carpinteros, arquitectos y diseñadores de todo el orbe para que utilicen el bambú en la construcción de todo tipo de inmuebles, desde una escuela y casas de campo lujosas hasta centros vacacionales exclusivos.

La planta se da en casi todas las naciones ecuatoriales, crece a diario hasta 1,20 metros (cuatro pies) y en menos de seis meses alcanza la altura de un roble gigante. Algunas especies de bambú logran la robustez en cinco años y están listas para su uso.

El bambú tiene posibilidades casi ilimitadas en la construcción: es barato — cuesta apenas tres dólares plantar y cultivar una planta hasta que esté lista_, abunda de manera increíble, permite curvarlo y tiene la resistencia del acero.

"El bambú es considerado definitivamente uno de los materiales de construcción más sustentables en el mundo", dijo Schilling, cuya empresa comenzará en enero a fabricar cuatro de seis variedades de ricas barras de chocolate orgánico.

"Un extra del bambú es la magnificencia de trabajar con él".

En Bali, empresarios expatriados y artesanos locales fundaron hace seis años una compañía local productora de bambú a fin de construir la Green School (Escuela Verde), una institución internacional exclusiva de 275 estudiantes.

Desde entonces, más de una decena de proyectos en los que se utiliza el bambú fueron emprendidos en diversas partes de la llamada "isla de los Dioses".

La Green Village (La Aldea Verde), un conjunto de casas de campo cuyos precios alcanzan los 750.000 dólares, se ubica corriente abajo del río Ayung cerca de la Escuela Verde. Fivelements es un retiro de cura integral que se ubica unos cuantos kilómetros (millas) al norte.

Trabajar con el bambú demanda un cambio enorme en la forma de pensar de los diseñadores.

"Estamos muy a gusto con nuestra cultura y la arquitectura de líneas rectas", dijo Elora Hardy, directora creativa en Green Village. "El bambú no es una línea recta".

Algunos de los tallos de bambú alcanzan desde el suelo la altura de un edificio de tres niveles.

Tanto en la planeación como en la construcción "tenemos que considerar las curvas... como rematará en lo alto".

Este aspecto es excitante e "infinitamente complicado", dijo Hardy.

Ben Ripple, socio de Schilling y fundador de Big Tree Farms, que elabora especias, sales y otros productos artesanales vendidos en tiendas para gourmet como Dean & DeLuca, dijo que Bali es un "microcosmos" del arte.

"Se tiene es una situación en la que cinco años en Bali muestra lo que sucede en veintitantos años en otras regiones más desarrolladas".

Pero habrá que ver si la eficacia del bambú en Bali también se repite en ambientes más templados y secos.

Las normas de construcción estrictas en Europa y Estados Unidos hacen más difícil emprender proyectos de construcción de gran escala, dijo Victor van Praag, condueño de PT Green Home, una empresa diseñadora que utiliza bambú.

Al igual que cualquier industria nueva, la construcción con bambú se mantiene en un estado de innovación constante, agregó.

La ausencia de normas bien definidas da pie a la creatividad: desde el desarrollo de tratamientos que hacen al bambú más duradero hasta la experimentación con el diseño. Pero también abre espacio a problemas imprevistos.

Gove DePuy, un planificador de sustentabilidad que desde 2004 ha vivido y trabajado de tiempo completo en Bali, dijo que la construcción con bambú tal como existe en esta isla turística está muy incipiente para que sea una opción viable en occidente.

"Un producto fabricado con bambú puede ser probado. Puede dársele una certificación", dijo, por ejemplo cuando se le utiliza en pisos. "Pero si sólo se recoge el bambú, se le corta y se le coloca, la certificación queda al albedrío la naturaleza".

Gove rechaza la idea de que el bambú se convierta en un supermaterial a nivel global. Dijo que su uso de gran escala debería limitarse a regiones tropicales donde la abundancia, asequilibidad y resistencias probadas de la planta la convierten en el elemento más práctico para la construcción.

Han atraído la atención las edificaciones con bambú en Colombia, Vietnam y China, ésta última líder mundial en la producción de la planta.

Pero tal como lo han advertido expatriados con mentalidad ecológica en Indonesia, su entusiasmo por el bambú rara vez es igualado por los lugareños, que consideran al material como si fuera de segunda clase.

"Los indonesios creen que el bambú sólo sirve para andamios", dijo Effan Adhiwira, arquitecto que trabajó en los proyectos de la Escuela Verde y la Aldea Verde.