El soldado derribado por una explosión. El sobreviviente de un accidente automovilístico. El jugador de fútbol americano conmocionado por un golpe en el cráneo. Con frecuencia, solo el tiempo puede revelar si una lesión traumática en el cerebro dejará un daño permanente sin que haya un método preciso de diagnóstico.

Ahora los científicos están poniendo a prueba una herramienta que revela las marcas que dejan esas heridas en las conexiones nerviosas del cerebro, al igual que las radiografías revelan las fracturas óseas.

Recién empiezan las investigaciones con pacientes civiles y militares para determinar si este método de prueba de resonancia magnética realmente puede localizar las lesiones y orientar en el futuro un modo de rehabilitación. Es un ejemplo de la búsqueda de mejores escáners cerebrales, quizá incluso un examen de sangre, para determinar si un golpe en la cabeza causa daños que no se pueden detectar con los métodos actuales.

"Ahora, por primera vez, tenemos la capacidad para tornar visibles esas heridas anteriormente invisibles", dice Walter Schneider, de la Universidad de Pittsburgh, que encabeza el desarrollo de la prueba experimental. "Si uno no puede ver o cuantificar el daño, es difícil tratarlo".

Aproximadamente 1.700.000 personas padecen una lesión cerebral traumática (TBI en inglés) en Estados Unidos cada año. Algunos sobrevivientes experimentan una incapacitación evidente, pero la mayoría son conmociones o lesiones menores que suelen cicatrizar solas. TBI también es una lesión típica de las guerras en Irak y Afganistán, que según cálculos militares ha afectado a más de 200.000 soldados.

No poder ver las lesiones subyacentes resulta frustrante para pacientes y médicos, dice el doctor Walter Koroshetz, subdirector del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos e Oncidentes Cerebrovasculares.

Algunas personas experimentan pérdida de memoria, cambios en los estados de ánimo u otros problemas después de una conmoción leve, aunque la tomografía computada no indica ninguna irregularidad.

"Puede haber un paciente con una inflamación intensa que se recupera normalmente y otro con una inflamación similar que muere", señaló el doctor David Okonkwo, neurocirujano del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, que participó en la investigación. Las pruebas actuales "no revelan cuál será la consecuencia de esa herida en la cabeza".

De allí las investigaciones para hallar nuevos modos de diagnóstico. En un informe que publica el viernes la revista especializada Journal of Neurosurgery, el equipo de Schneider describe un candidato potencial, llamado rastreo de alta definición de las fibras nerviosas.

Las células del cerebro se intercomunican por medio de un sistema de axones, o fibras nerviosas, que actúan como una red telefónica. Componen lo que se conoce como la materia blanca del cerebro.

El nuevo escáner procesa imágenes de tomografía computada por medio de un programa de computación para escudriñar los haces de fibras nerviosas, parecidos a cables diminutos por los que pasan millones de conexiones.

El método pinta los haces de fibras en color verde, amarillo y púrpura para diferenciar sus funciones. Los investigadores buscan señales de deterioro en las fibras que reducen el ritmo de las conexiones o que las interrumpan.