Todavía se encuentra envuelto en misterio y enredaderas selváticas, pero uno de los grandes monumentos de Camboya está despertando lentamente después de ocho siglos de sueño, y ha logrado atraer a un equipo arqueológico de primera y algunos turistas.

"Toma un tiempo abrir este templo, y en todas partes hay señuelos", dice John Sanday, el líder del equipo, mientras avanza a través de la enmarañada maleza, pasa espectaculares torres y bajo relieves para ingresar en las cámaras oscuras del inquietante complejo monástico de Banteay Chhmar.

Lo que motivó a Jayavarman VII, considerado como el rey más importante del Imperio de Angkor, a levantar este enorme templo budista a unos 170 kilómetros (105 millas) de su capital en Angkor y en uno de los lugares más desolados y secos de Camboya, sigue siendo uno de muchos enigmas sin resolver.

El imperio, que alcanzó su apogeo en el siglo XII, se extendió sobre gran parte del sudeste de Asia. Sus gobernantes se embarcaron en un frenesí de construcción que produjo algunos de los mejores monumentos religiosos del mundo.

Llamado el "segundo (templo de) Angkor Wat", Banteay Chhmar se le acerca en tamaño, está más congelado en el tiempo que ese fenomenal monumento --que ha sido remodelado-- y hasta ahora ha evitado las plagas del turismo masivo de los últimos años en Angkor.

En el 2011, un promedio de 7.000 turistas diarios visitaron Angkor, uno de los principales destinos turísticos de Asia, ubicado cerca de la norteña ciudad de Siem Reap, en pleno auge. Banteay Chhmar vio un promedio de dos por día, sin autobuses turísticos ni guías armados de megáfonos que perturben la tranquilidad del templo o la vida tradicional del pueblo cercano.

Abandonado durante siglos y después aislado del mundo por el Jmer Rojo y una guerra civil, Banteay Chhmar no recibió visitantes hasta el 2007, cuando las autoridades retiraron las últimas minas y detuvieron los saqueos que asolaron el indefenso templo en la década de 1990.

Un año más tarde, el Fondo de Patrimonio Mundial (Global Heritage Fund) con sede en California comenzó a trabajar en el sitio bajo el control general del Ministerio de Cultura del país y ahora gasta unos 200.000 dólares al año en el proyecto.

Sanday, un veterano arquitecto de conservación británico, reunió un equipo de 60 expertos y trabajadores, algunos de los cuales colaboraron con él en una restauración anterior del templo Preah Khan de Angkor. Otros fueron reclutados en la comunidad local y, aunque apenas saben leer, Sanday dice que están entre los mejores con los que ha trabajado en Asia.

El equipo debe lidiar con cientos de miles de bloques de piedra de templos caídos y galerías diseminadas desordenadamente en el sitio arqueológico de 12 kilómetros cuadrados (4,6 millas cuadradas). Las torres se tambalean, enormes raíces de árbol cavan en las paredes y la vegetación se traga un amplio foso que se ciñe al templo.

Las tres cuartas partes de los bajorrelieves — que rara vez se han encontrado en otros templos de Angkor — cayeron o fueron saqueados, siendo el caso más notable el de ocho paneles que representan a Avalokiteshvara, un ser iluminado que encarna la compasión budista.

Los ladrones desprendieron cuatro paneles con martillos neumáticos, y después los llevaron de contrabando a la cercana Tailandia, donde se cree que dos de ellos adornan el jardín de un político. Un par fueron recuperados y los otros aún están en el templo, aunque sólo dos siguen en pie.

"Hemos estado batallando con esta galería por casi dos años", dice Sanday en otro bajorrelieve, uno que muestra a una figura que se cree sería Jayavarman VII mientras guía sus tropas a la batalla.

La naturaleza y el tiempo han sido los culpables: las bóvedas que protegían los relieves de 30 metros (98 pies) de largo se derrumbaron, lo que dejó al descubierto la pared, expuesta a los torrentes del monzón, que se filtraban, arrastraban la mampostería y aflojaban las bases. La presión del peso derribó secciones de la pared o la obligó a inclinarse.

"Él va a tener que bajar", dice el arquitecto de 68 años sobre la imagen del rey. Una sección del muro se inclina peligrosamente hacia el exterior, explica, por lo que debe ser desmantelada para reforzar las bases y se deben numerar y registrar meticulosamente los bloques de piedra arenisca antes de ser devueltos a su lugar.

Cerca de allí, dos jóvenes genios de computadores camboyanos trabajan en un vanguardista atajo para el proceso de montaje a través de imágenes tridimensionales. El trabajo en curso es una de las 34 torres del templo, recientemente dañada por una tormenta.

Han removido o recogido del lugar donde cayeron unos 700 bloques de piedra de la torre y cada uno será grabado en video desde todos los ángulos. Dado que, al igual que ocurre con una huella digital humana, ninguna piedra es exactamente igual a otra, el software, que todavía tiene detalles pendientes, debe ser capaz de encajar todos los bloques en su alineación original después de que sean reparados.

"Esperamos que con sólo oprimir el botón todas las piedras saltarán al lugar correcto para resolver lo que llamamos 'el rompecabezas de John''', dice Sanday.

Cuando un bloque original se ha perdido o es imposible de reparar, o bien se utiliza una piedra original de otro lugar del sitio o, como último recurso, se insertará una nueva piedra.

"Mi filosofía es preservar y presentar los monumentos para las generaciones futuras como los encontré sin falsificar su historia. Muchas veces la gente tiende a adivinar lo que estaba allí", dice.

El Fondo de Patrimonio Mundial, asegura, también tiene la intención de involucrar a la comunidad. "No podemos proteger a Chhmar Banteay. Ellos tienen que ser los protectores. Por lo tanto, deben ganar algo de los ingresos del templo," dice Sanday.

El grupo Turismo de Base Comunitaria, que el fondo apoya, capacita a los lugareños para que se conviertan en guías e inventa maneras de obtener más ingresos por turismo, parte de los cuales se canalizan al mejoramiento de todo el pueblo.

Sanday y los organizadores locales, sin embargo, esperan que la remota ubicación de Banteay Chhmar evite una afluencia turística masiva. Así que no están ansiosos porque figure como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, algo que el gobierno de Camboya está promoviendo.

"A menudo vengo aquí por las tardes, cuando los pájaros cobran vida y se agita una brisa", dice Sanday mientras los rayos del sol se filtran a través del dosel verde y las piedras. "Es tranquilo y calmado aquí, como solía ser Angkor. Este es un lugar real".

___

En internet:

BANTEAY CHHMAR: Antiguo monumento camboyano: http://www.visitbanteaychhmar.org.