El gobierno del presidente Barack Obama eludió el miércoles una fecha límite del Congreso y una oportunidad para intensificar unilateralmente la presión económica sobre Irán castigando compañías extranjeras que realicen negocios en territorio iraní.

En lugar de ello, funcionarios de alto rango se enfocaron en su intento por convencer a naciones aliadas e instituciones financieras para que rompan relaciones con la república islámica por su propia cuenta.

La Casa Blanca espera que un compromiso arduo con la presión financiera convencerá a Israel de renunciar a la posibilidad de lanzar un ataque militar contra Irán, una actitud que Estados Unidos considera sin futuro.

Obama tratará el asunto directamente con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el lunes cuando ambos se reúnan en la Casa Blanca.

La decisión también refleja preocupaciones sobre los efectos que podrían tener esas acciones en la frágil economía mundial.

Algunos en Washington esperaban que Obama reforzara su postura antes de la reunión de alto interés anunciando nuevas sanciones económicas que entrarían en vigor el miércoles. Las sanciones fueron incluidas en la ley que firmó el mandatario el 31 de diciembre.

Pero el gobierno estadounidense decidió no aprovechar la oportunidad inmediata de ir tras empresas extranjeras.

"Nuestra estrategia en este momento es continuar concentrados en el sendero diplomático que hemos tomado, combinado con sanciones muy agresivas", señaló el miércoles Jay Carney, secretario de prensa de la Casa Blanca.

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La periodista de la AP Donna Cassata contribuyó con este despacho.