La venta de viviendas nuevas en Estados Unidos disminuyó en enero pero el último trimestre del 2011 fue más robusto de lo calculado anteriormente.

El Departamento de Comercio anunció el viernes que la venta de casas nuevas bajó el mes pasado un 0,9% a un ritmo de 321.000 anuales, tras cuatro meses de aumentos que totalizaron un 10%.

El incremento ocurrió después que el gobierno hizo una revisión a las estadísticas de octubre, noviembre y diciembre. La estadística de diciembre de 324.000 casas anuales fue la mayor en un año.

Pese al crecimiento de las ventas, en el 2011 solamente se vendieron 304.000 viviendas nuevas, la menor cuantía desde 1963. Además, las casas nuevas son vendidas a un ritmo muy inferior al promedio de 700.000 por año que los economistas equiparan con una economía saludable.

El repunte de las ventas a fines del año pasado debería indicar una tímida recuperación en el sector de la vivienda.

Además, los constructores están más optimistas al ver que más personas han mostrado interés en adquirir este año una casa, y solicitaron más permisos para construir viviendas unifamiliares, uno de los factores de optimismo del sector.

En enero, las ventas de casas usadas alcanzaron su mayor nivel en casi dos años,y han aumentado casi un 13% en el último semestre. Además, los intereses hipotecarios nunca fueron más baratos.

Por otra parte, la contratación laboral ha mejorado, un factor crítico en el repunte de la vivienda. La economía agregó más de 200.000 empleos netos tanto en diciembre como en enero, y los economistas anticipan un gran mes para la contratación laboral en febrero tras bajar las solicitudes de pagos por desempleo a su menor nivel en casi cuatro años. La tasa de desocupados fue en enero del 8,3%, su menor nivel en casi tres años.

Los economistas advirtieron que al sector de la vivienda le queda un largo camino para recuperarse. Los constructores han dejado de trabajar en muchos proyectos ante las dificultades de financiación o no pueden competir con la venta de viviendas usadas más baratas.

Para muchos estadounidenses, adquirir una vivienda sigue siendo un riesgo demasiado elevado cuatro años después de estallar la burbuja del ladrillo.