El primer ministro Vladimir Putin advirtió el jueves sobre los peligros de la influencia extranjera en un mitin al que asistieron decenas de miles de personas, muchas de ellas trabajadores estatales que fueron presionados a participar como muestra de apoyo para un líder que enfrenta las primeras manifestaciones de descontento público.

Con poca competencia verdadera, es prácticamente un hecho que Putin ganará un tercer término como presidente en las elecciones del 4 de marzo. Durante 12 años en el poder, se ha presentado como defensor de una Rusia firme y próspera. Sus índices de aprobación siguen bien por encima del 50% pese a las mayores protestas de oposición que se han visto en Rusia desde el desplome soviético en 1991.

Putin ha tratado de desacreditar a los opositores acusando a sus líderes de ser agentes pagados al servicio de Estados Unidos para debilitar a Rusia. Sus declaraciones del jueves fueron más sutiles al exhortar a la unidad de todos los ciudadanos que "atesoran, cuidan y creen" en la madre patria.

"Pedimos a todos que no miren afuera, que no corran al otro bando ni engañen a la patria, sino que se nos unan", dijo desde una plataforma montada en un estadio de fútbol mientras caía una leve nevisca.

Pero también advirtió a Occidente que "no permitiremos que nadie se inmiscuya en nuestros asuntos ni nos imponga su voluntad".

El encuentro en apoyo de Putin fue organizado en la festividad nacional de los Defensores de la Patria, que reemplazó al Día del Ejército Rojo de la era soviética.

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Lynn Berry contribuyó a este despacho.