La violenta represión policial se propaga por la austral región de Aysén, según diversas denuncias, mientras se acentúa el desabastecimiento y el gobierno dilata una respuesta a la principal exigencia de la comunidad de rebajar el precio de los combustibles.

Los líderes de las protestas exigen que viaje a Aysén, 1.680 kilómetros al sur de Santiago, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, pues su cartera es vital en el petitorio ciudadano, pero el gobierno rechazó el jueves la demanda y delegó las negociaciones en la Intendenta (gobernadora) local, Pilar Cuevas.

Los manifestantes no consideran a Cuevas una negociadora válida y advirtieron que proseguirán su rebelión hasta que el gobierno del presidente centroderechista Sebastián Piñera los tome en cuenta.

El ministro de Transportes, Pedro Pablo Errázuriz, advirtió que el ejecutivo está trabajando y que "los desórdenes y la violencia deben sacarse de este esquema".

Ana Piquer, dirigente de Amnistía Internacional-Chile, expresó su preocupación por la creciente violencia en la zona.

"Nuevamente vemos que en el contexto de una protesta social existe un gran número de denuncias por uso excesivo de la fuerza, la utilización indebida de gases lacrimógenos, el uso de balines metálicos y detenciones que podrían ser arbitrarias", declaró.

El presidente regional de los empleados estatales, Julio López, declaró a radio Cooperativa que el gobierno, "ha actuado con mucha violencia, con auspicio del señor ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter ha soltado perros acá, ha soltado animales en las noches (...) y la cantidad de heridos, las fotografías y los testimonios que se pueden observar (son) impresionantes".

Durante los enfrentamientos de la madrugada del jueves un poblador resultó con su nariz fracturada. En días anteriores otro aysenino, Teófilo Haro", recibió un balín en un ojo, disparado a corta distancia, "quedando ciego definitivamente", añadió López. Su esposa es ciega, lo que transforma la situación en una tragedia para la familia.

Los ayseninos exigen en primer lugar una rebaja en los precios de los combustibles --bencinas, petróleo y leña-- un sueldo mínimo mayor a los 350 dólares que rige en Chile, un incremento en los montos de las jubilaciones, estabilidad laboral en los empleos estatales, una universidad y un hospitales regional.

También demandan la asignación de una cuota marina para que los pescadores puedan repoblar el fondo marino y que las numerosas salmoneras faenen los pescados en Aysén y no se los lleven a otra región con el propósito de ahorrarse costos en combustibles.

Fueron los pescadores artesanales los que iniciaron las manifestaciones hace un par de semanas, a las que se sumaron paulatinamente otros gremios y organizaciones sociales. La participación de los camioneros y de los conductores de taxis colectivos fue crucial los últimos días porque sus máquinas mantiene el corte de rutas y puentes que impiden el ingreso a la región de combustible y alimentos esenciales, con el propósito de acrecentar la presión sobre el gobierno.

Sobre las acusaciones oficiales de activistas de izquierda alentando las manifestaciones, López recordó que Piñera obtuvo en Aysén una de las más altas mayorías del país en las elecciones presidenciales del 2010.

Del amplio petitorio, Piñera accedió hasta ahora a las demandas relacionadas con la salud, como adelantar la construcción de un hospital, crear una unidad oncológica y otra de diálisis.

Hace un año Piñera enfrentó una situación similar en la aledaña región de Magallanes y resistió dos semanas hasta que despidió al Ministro de Energía y anuló un alza en el gas natural, vital para los magallánicos.

El alcalde de Calama, Esteban Velásquez, de una región extrema del norte, dio plazo esta semana al gobierno hasta marzo para responder a las exigencias de la zona, de lo contrario amenazó con un paro regional. Piden que un porcentaje de los millonarios recursos del cobre queden en la zona.