Angustiados familiares deambulaban por morgues y hospitales en una desesperante búsqueda de información de pasajeros del tren que se estrelló el miércoles contra un paragolpes de la estación Once de Buenos Aires, que dejó al menos 49 muertos y 600 heridos.

José Martínez esperaba que en la morgue le informaran si su madre Graciela Romero, 54 años, su esposa Verónica González, de 28, y al hijo de ambos, de 3 años, Alex Nahuel Martínez, estaba muertos después de no haberlos podido localizar desde el accidente y de no hallarlos en las listas oficiales de heridos que han circulado.

El joven relató a AP que está muy angustiado porque sus familiares "no aparecen" y en la morgue le informaron que debía esperar horas para saber si hay una identificación positiva.

Entremezclado entre policías y psicólogos, Ezequiel Mercado contó que su mujer Sabrina Espíndola, de 29 años, empleada pública, no le respondió el celular cuando la llamó tras enterarse del accidente.

"Fui a todos lados. Ella siempre está con su Blackberry. Siempre estamos en contacto. Dicen adentro (en la morgue) que NN no tienen, fuimos a todos los lugares. Esta morgue es lo último que pensaba, pero bueno y ahora está desaparecida. Llamo a su celular y suena, suena, pero no responde", dijo Mercado.

El tren viajaba en la hora pico y colmado de pasajeros cuando chocó en la estación, provocando una de las peores tragedias ferroviarias del país que y que evidencia nuevamente la decadencia de un sistema que fue privatizado y opera bajo cuestionables parametros de seguridad.

"Lamentablemente debemos informar que hay 49 fallecidos en el lugar", confirmó a periodistas el portavoz de la policía federal, comisario Néstor Rodríguez. Explicó que entre las víctimas fatales hay 48 adultos y un menor.

De los más de 600 heridos, 461 permanecen internados en hospitales cercanos, confirmó el secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi.

Numerosas personas pululaban mostrando las fotografías de familiares ante las cámaras de televisión esperando que alguien los identifique entre los heridos.

La embajada de Bolivia en Argentina informó en un comunicado que una funcionaria consular estaba desaparecida tras la colisión del tren y que indagaba si entre las víctimas había otros ciudadanos de ese país.

En una declaración a la prensa, el funcionario reveló que según el sistema de posicionamiento global (GPS) del tren, la formación marchaba a 20 kilómetros por hora al faltar 40 metros para llegar al final de la vía. "No sabemos que pasó en esos últimos 40 metros. El tren no paró" y chocó contra el muro de contención, acotó Schiavi. El maquinista sobrevivió pero se encuentra en terapia intensiva.

La empresa concesionaria del servicio, Trenes de Buenos Aires (TBA), dijo en un comunicado que está realizando "todas las tareas de investigación del siniestro para lograr el pronto esclarecimiento del hecho".

Se trata de la tercer peor tragedia ferroviaria en la historia. En febrero de 1970 un tren embistió a otro en la localidad de Benavídez, en la provincia de Buenos Aires, dejando más de 200 muertos. En el mismo mes de 1978 un tren embistió a un camión en el paso a nivel y causó la muerte de 56 personas.

Es además el tercer accidente ferroviario con fallecidos en un año.

El accidente ocurrió a las 8.33 (1133 GMT), un horario en que miles de personas se trasladan desde los suburbios hacia la capital para trabajar. Según Schiavi, al momento de la tragedia viajaban entre 1.200 y 1.300 pasajeros.

"Los dos primeros coches estaban abarrotados de gente, lo cual produjo que el accidente tomara ribete de tragedia", sostuvo Schiavi.

Unos de los vagones se incrustó casi seis metros en el que tenía delante. Testigos relataron al canal Todo Noticias que muchas personas resultaron heridas en un revoltijo de metal y vidrios por la fuerza del choque.

Los pasajeros dijeron que las ventanas se astillaron cuando se desprendió la parte superior de los vagones. Los trenes suelen ir llenos con pasajeros de pie y muchos fueron arrojados al piso por el impacto.

Más de 100 ambulancias y varios helicópteros participaron en el rescate de víctimas y heridos.

"Esta máquina salió ayer del taller y los frenos funcionaban bien. Por lo que sabemos, frenó sin problemas en las estaciones previas. En este momento no podemos especular sobre las causas (del accidente)", dijo Rubén Sobrero, líder sindical de la línea Sarmiento a la radio La Red.

La presidenta Cristina Fernández canceló todas sus actividades previstas para este miércoles a causa del accidente, que ha puesto nuevamente en primer plano la deficiencia del transporte público y la falta de seguridad para los millones de personas que diariamente utilizan el ferrocarril.

En febrero de 2011 cuatro personas murieron cuando una formación del ferrocarril embistió a otra detenida en la estación de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires.

En septiembre, también del año pasado, 11 personas perdieron la vida y más de 200 resultaron heridas como consecuencia del impacto de un tren contra un autobús de pasajeros en la estación de Flores, en la ciudad de Buenos Aires.

Dos meses después un tren atropelló un autobús escolar, mató a ocho personas y dejó 35 heridos en la provincia de San Luis.

El sistema ferroviario está mayormente privatizado y recibe millonarios subsidios del Estado. Las empresas concesionarias argumentan que las tarifas --entre las más baratas de América Latina-- no permiten cumplir con las inversiones necesarias para mejorar el servicio.

Según TBA, la mayor parte del dinero que ingresa por venta de boletos se destina al pago de los salarios de sus 4.400 empleados. Los costos de mantenimiento, energía eléctrica, combustible, repuestos y seguros se pagan con los fondos provenientes del Estado.

Sindicatos y dirigentes políticos han denunciado en reiteradas ocasiones que las compañías en realidad priorizan sus ganancias y que el Estado no las controla como debe.

La investigación del accidente está a cargo del juez federal Claudio Bonadío, aunque el gobierno también realizará "un auditaje (peritaje) muy profundo" sobre el tren involucrado, dijo Schiavi.

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El corresponsal de The Associated Press Michael Warren contribuyó con este reporte.